lunes, 13 de mayo de 2013

¿Quién pegó el ‘shank’, Singh o el PGA Tour?


Vijay Singh demandó al PGA Tour por "graves daños a su imagen".

En una demostración más de lo que mal empieza, mal termina, esta semana el fiyiano Vijay Singh anunció que demandará al PGA Tour por lo que considera “graves daños a su imagen”. Todo se remonta, como se sabe, a las sospechas de dopaje desde que a finales de enero pasado el propio jugador le confesó a la prestigiosa revista Sports Illustrated que había comprado y usado un aerosol que contenía la sustancia IGF-1, un activador de la hormona del crecimiento, químicamente igual a la insulina, que ayuda a la regeneración muscular y que está prohibida en diversos deportes, entre ellos el golf.

Ahora, después de casi cuatro meses de investigaciones, el propio circuito estadounidense desechó el caso. El pasado 3 de abril, de hecho, en la antesala del Masters de Augusta, torneo que Singh ganó en el año 2000, Tim Finchem, comisionado del PGA Tour, anunció que el golfista asiático no sería sancionado debido a que la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) había informado que la sustancia que contenía el aerosol en cuestión no estaba prohibida, salvo que diera resultado positivo en los test antidopaje, algo que no ocurrió en esta oportunidad (a Singh no se le realizó examen alguno).

Desde un comienzo, el tema causó incomodidad en el circuito profesional estadounidense y en la comunidad golfística en general. Este deporte siempre se ha preciado de ser practicado por personas honestas y se concibe, además, que los jugadores no requieren el uso de sustancias prohibidas, pues se trata de una disciplina en la que la capacidad mental influye más en el resultado que el mismo desempeño físico. En todo caso, lo que más llama la atención fue la torpeza con que los directivos del PGA Tour manejaron el tema desde un comienzo, en clara demostración de que esa virtud no es exclusiva de los petardos que mandan en el golf colombiano.

En la polémica publicación, Singh afirmó que había comprado el aerosol, por el que pagó nueve mil dólares, con el fin de regenerar algunas partes de su cuerpo afectadas por las reiteradas lesiones que en los últimos años provocaron un notorio descenso en su rendimiento. “Quería cambiar algunas cosas en mi cuerpo y es increíble la diferencia que se aprecia en un par de meses”, dijo Singh en aquella oportunidad. “Si bien lo usé, en ningún momento pensé que pudiese contener una sustancia prohibida por la política antidopaje del PGA Tour", se apresuró a explicar el golfista, que el pasado 22 de febrero cumplió 50 años.

Tim Finchem, comisionado del PGA Tour.
Tan pronto se conocieron las declaraciones de Singh, el vicepresidente de comunicaciones del PGA Tour Ty Votaw salió a dar la cara. “Apenas nos enteramos del reportaje. Vamos a investigar este caso”, aseguró, al tiempo que recalcó que desde agosto de 2011 el circuito había prevenido a todos sus miembros acerca de la prohibición para emplear sustancias similares a las que contenía el aerosol en mención. Según afirmó el directivo, el IGF-1 está prohibido en el circuito, a pesar de que no puede ser detectado a través de exámenes confiables.

Desde que arrancó la polémica, Singh solo participó en siete torneos del PGA Tour, incluido el Masters de Augusta, pero en ninguno obtuvo una posición destacada. De hecho, en sus dos más recientes salidas, en el RBC Heritage y en el The Players Championship del pasado fin de semana, no superó el corte. Y desde un comienzo quedó en evidencia un corto circuito entre el jugador y los directivos del PGA Tour, que no parecían dispuestos a meter la mano al fuego por el deportista. Esa fue, precisamente, la actitud que molestó a Singh y la razón por la cual decidió entablar una demanda. “El PGA Tour no solo me trató injustamente, sino que mostró una falta de profesionalismo que debe preocupar a todos los golfistas profesionales y aficionados de este deporte”, argumentó Singh en una declaración emitida a través de su abogado Peter R. Ginsberg. “Estoy orgulloso de mis logros, mi ética de trabajo y la manera en que vivo mi vida”, complementó.

La demanda, que de manera extraoficial exige el pago de 77 millones de dólares, fue presentada en la Corte Superior del estado de Nueva York. El argumento clave que sustenta la queja de Singh es que el PGA Tour nunca pudo demostrar que él había faltado a la política antidopaje del circuito. El documento sostiene, así mismo, que “el IGF-1 del aerosol es inactivo y nunca pudo afectar al rendimiento de Singh en los campos de golf, por lo que la PGA debió de cerciorarse antes de proceder” contra el deportista. La demanda incluye los testimonios de otros golfistas que también usaron el mismo aerosol y no fueron sancionados.

Lo cierto es que el tema del dopaje se ha convertido en un problema para el PGA Tour, cuyos directivos no saben cómo abordar el tema. El peligro de que se descubra que hay golfistas miembros del circuito que usan sustancias prohibidas, y el consecuente daño a la imagen del deporte, que puede repercutir en el alejamiento de patrocinadores y aficionados, causa pánico en las altas esferas. La mejor forma de enfrentar el problema, sin embargo, es atacarlo de frente, de manera abierta, sin hipocresías ni temores, aplicando las normas establecidas y sancionando al que quebrante las reglas, sea quien sea. Pero, claro, se eligió el camino equivocado (esta nota puede interesarle: El golf debe estar limpio, no solo parecerlo).

La credibilidad el circuito está en entredicho.
Lo que menos interesa en este caso es si finalmente Singh le gana la demanda al PGA Tour y obtiene una jugosa compensación económica. Nada de eso conseguirá borrar la mancha que la duda puso sobre su larga y meritoria trayectoria deportiva (esta nota puede interesarle: Vijay Singh, ¿el Lance Armstrong del golf?), que incluye 34 triunfos en el circuito y ganancias por más de 67 millones de dólares (es el tercero en la lista de todos los tiempos, solo superado por Tiger Woods y Phil Mickelson). Lo realmente importante es que el golf entero, no solo el PGA Tour, está en deuda: hay temor para aplicar los correctivos necesarios, para realizar los exámenes con regularidad, tal y como lo denunció el propio Tiger Woods.

Con 50 años cumplidos y en la curva descendente de su rendimiento, entre otras razones como consecuencia de las lesiones sufridas, los días de Vijay Singh en el PGA Tour están contados. Sin embargo, el manto de duda sobre el circuito permanecerá el tiempo que sus directivos se demoren en dejar atrás la miopía, la hipocresía y el miedo (en esto sí son igualitos a los petardos de por acá) y, de una vez por todas, se decidan a enfrentar abierta y decididamente a este enemigo que ya causó estragos en deportes como el ciclismo o el atletismo. Es mejor una estrella sancionada y un escándalo público que sirva para erraricar el mal si el mensaje que se transmite a los golfistas, a los patrocinadores, a los medios de comunicación y al público en general es que el PGA Tour no acepta, bajo ninguna circunstancia, el dopaje. Por ahora, en cambio, nadie puede asegurarlo y, más bien, hay sospechas de complicidad. Porque, no sobra recordarlo, se peca por acción y también, por omisión.

Hasta la próxima…

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