martes, 7 de mayo de 2013

Apoyo a los profesionales, y no explotación, la fórmula del éxito


Camilo Benedetti es la demostración de que en Colombia no hay apoyo para los profesionales.

Se llama Pro Spain Team 2013 y, como dice el eslogan que lo promociona, es ‘un programa de calidad’. Se trata de un proyecto de crecimiento del golf profesional español que la Real Federación Española de Golf (RFEG) implementó hace varios años y que ha permitido que sus más promisorios jugadores, a los que se les hace seguimiento y se les brinda apoyo desde que son amateurs, cumplan con éxito el paso a las filas rentadas. La iniciativa apoya a cinco damas y diez caballeros que acreditan una sobresaliente trayectoria que va mucho más allá de ganar las medallas mensuales.

En la actualidad, hay 34 jugadores españoles que figuran en el ranquin mundial, de los cuales 22 aparecen en el Top-1000. Hay cinco en el Top-100: Sergio García, puesto 15; Gonzalo Fernández-Castaño, 31; Rafael Cabrera-Bello, 79; Miguel Ángel Jiménez, 93 y Pablo Larrazábal, 98. Por el lado de las damas, son 18 las jugadoras escalafonadas, de las que Azahara Muñoz (16), Beatriz Recari (26) y Carlota Ciganda (27) son Top-100. Como hecho destacado, las otras 15 están entre las mejores mil del mundo. El común denominador de hombres y mujeres es su destacada figuración en los circuitos en los que compiten.

El programa Pro Spain Team 2013, un modelo exitoso.
Colombia, que según los expertos conocedores que conducen el golf en el país es una potencia (¿qué querrán decir con eso?), muestra una realidad bien distinta. Hay solo 15 hombres ranqueados, de los cuales el mejor es Camilo Villegas, que apareció esta semana en la casilla 260. Camilo Benedetti (454) y Andrés Echavarría (487) son los otros que figuran en el Top-500 y hay seis más en el Top-1000. Entra las damas, solo tres reúnen las condiciones para figurar en el Rolex Ranking: Mariajo Uribe, puesto 112; Paola Moreno, 281 y Juliana Murcia, 726. No se requieren comentarios, pues las cifras lo dicen todo: la distancia es abismal.

En España son conscientes de que hay un capital humano interesante, al que vale la pena apoyar para que pueda desarrollar todo su potencial. Por eso, han diseñado estrategias efectivas, que no solo son de carácter económico, sino que también abarcan los aspectos técnico, sicológico y hasta alimenticio, para que sus deportistas alcancen el máximo de rendimiento. De acuerdo con la filosofía establecida, es “una ayuda que facilita su tránsito desde la etapa amateur a la profesional y posibilita una incorporación más rápida a los distintos circuitos más importantes”.

Los 15 golfistas profesionales seleccionados reciben las ayudas previstas en el Programa Pro Spain Team –que devuelven parcial o totalmente en función de sus ingresos en los distintos circuitos– tras firmar un convenio en el que se comprometen a colaborar con la RFEG (y en su caso la Federación Autonómica que les apoye) en distintas iniciativas. Una de las jugadoras beneficiadas es Carlota Ciganda, que este año triunfó en el Kia Classic y se convirtió en la primera española capaz de atesorar dos trofeos en el LPGA Tour (en 2010, había alzado el del CVS/Pharmacy LPGA Challenge. El año pasado, así mismo, ganó la Orden de Mérito del Ladies European Tour.

En Colombia, mientras tanto, la cúpula inepta, encabezada  por el obispo Cantinflas y su corte de áulicos, continúa empeñada en explotar al eslabón más débil de la cadena, el jugador profesional, con un especial énfasis en limitarles tanto como sea posible las opciones de desarrollo a todos aquellos jugadores que no tengan apellido ilustre, que no sean socios de clubes privados y/o que no tengan vínculos de sangre con algún miembro de esa corporación. Un ejemplo claro: a pesar de que existe una comunicación oficial de la junta directiva en el sentido de que todo jugador que obtenga privilegios completos en un circuito profesional reconocido tiene derecho a los auxilios que dizque brinda la entidad, la golfista Paula Andrea Hurtada, la única colombiana en el Ladies European Tour, recibió un rotundo NO (así, en mayúsculas) cuando solicitó la ayuda.

Beatriz Recari recibió un apoyo real y potenció su talento.
Como lo ha denunciado GOLF EN CONTRAVÍA, el empeño de la Fedegolf es convertir los torneos nacionales en una pasarela social, en la que no son bien vistos aquellos jugadores que no tuvieron la suerte de nacer en cuna de oro, que no pudieron estudiar en universidades estadounidenses, que no son bilingües, que entran a los clubes sociales por la puerta de los empleados y en vez de dirigirse a la sede principal van al cuarto de cadis, a trabajar y ganarse el sustento diario con honradez. Fruto de esa política de exterminio, el golf en Colombia está estancado desde hace más de una década.

¿Cómo hacen en España para, de manera efectiva y real, favorecer a los profesionales? Lo primero es que los directivos no son mercaderes, sino profesionales del oficio que entienden que manejan una industria productiva llamada golf y que, en consecuencia, buscan el bien colectivo, no el individual o particular. Segundo, establecen reglamentaciones que, a diferencia de lo que ocurre en Colombia, sí se cumplen y sí son respetadas en su integridad, es decir, se aplican en igualdad de condiciones para todos, no se acomodan para beneficiar a unos y perjudicar a otros.

En el caso del  ‘Pro Spain Team 2013’, específicamente, hay un exitoso matrimonio por conveniencia: yo te ayudo, tú me ayudas. Tal y como ocurre desde hace muchos años en Argentina, por cuenta de la sociedad conformada por Ángel ‘el Pato’ Cabrera y Eduardo ‘el Gato’ Romero, los que más tienen y ya están del otro lado ayudan a los que apenas se inician. Les facilitan los recursos, la adaptación, y luego reciben los réditos (es decir, recuperan su inversión) cuando los pupilos alcanzan los objetivos propuestos. En otras palabras, la RFEG y los ases argentinos ponen la plata para que los jóvenes talentos que llegan a los circuitos internacionales, o que están en camino de llegar a ellos, no se desgasten buscando patrocinios, no sufran lo por la falta de dinero y, en cambio, puedan concentrarse en practicar, en el entrenamiento físico y mental, y puedan brindar los resultados esperados.

En Colombia, en cambio, las ayudas son migajas que se reparten entre unos pocos, muchos de los cuales ni siquiera las requieren gracias a sus familias. No hay programa, no se conocen los montos de las supuestas ayudas, no se sabe entre quienes se reparten. En pocas palabras, otra manifestación de ‘tapen, tapen’, porque hay mucho que esconder. Por eso es que cada vez que un golfista triunfa en el exterior el común denominador, sin excepción, es que todo se lo debe al esfuerzo y a los sacrificios de su familia, eventualmente a la colaboración de algún particular y, claro, a su talento y trabajo personal. ¿Y la Fedegolf qué hace? Nada. Vive agazapada esperando el momento oportuno para saltar y subirse al bus de la victoria, lista a cobrar los réditos de otros.

Recari ganó este año el Kia Classic.
Cada vez que Belén Mozo, Mireia Prat, Jorge Campillo, Pedro Oriol, Marta Silva, Gerard Piris, Jordi García-Pinto, María Hernández, Sebastián García, Carlota Ciganda, Adrián Otaegui, Borja Etchart, Ignacio Elvira y Antonio Hortal alcanza un objetivo, logra un triunfo o escala un peldaño en su carrera deportiva, el esquema montado por la RFEG se fortalece. Es un todos para uno y uno para todos que en realidad funciona. El día que ellos superan esta etapa con éxito, le abren el camino a un nuevo talento, consolidando una iniciativa hecha para crecer, no para explotar. En Colombia, mientras tanto, la Fedegolf sigue inventando reglamentaciones destinadas a explotar al gremio de los profesionales, a favorecer a los que menos lo necesitan y, en especial, a cortarles las alas a aquellos que, en realidad, sí necesitan en apoyo y están dispuestos hacer lo que sea necesario para recibir los beneficios que les permitan desarrollar su potencial.

Allá no importa si son feos, bonitos, de ojos azules o marrones, universitarios o bachilleres o simplemente deportistas que un buen día llegaron a las múltiples instalaciones dispuestas para la práctica del golf y llamaron la atención de los especialistas, que de inmediato los incorporaron a las diversas iniciativas de apoyo. Acá, acá ya todos sabemos cómo es la historia y también sabemos cuál es el final de ella: que nuestros talentos se cansan de luchar contra la corriente, de tocar puestas y solo recibir humillaciones como respuesta y terminan perdidos. Y cuando alguno triunfa es cuando nos acordamos que vivimos en el país del Sagrado Corazón y, por ende, un milagro siempre es posible.

Hasta la próxima…

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