lunes, 4 de febrero de 2013

Vijay Singh, ¿el Lance Armstrong del golf?


Vijay Singh, triple campeón 'Major', quedó en el ojo de la tormenta por un eventual dopaje involuntario.

Mientras se siga mirando hacia otro lado, como si nada ocurriera, el mal va a seguir incubándose y creciendo. Lo mejor del escándalo provocado por el confesado dopaje del ciclista estadounidense Lance Armstrong no es que Santiago Botero pueda terminar en el podio del Tour de Francia de 2002, como pretenden de manera folclórica algunos medios de comunicación en el país, sino las lecciones que de aquello se puedan aprender. Y, sobre todo, lo que otros deportes puedan sacar para su provecho de esta dolorosa experiencia, para que no caigan en el mismo espiral del que después sea muy difícil escapar.

La confesión que Armstrong le hizo a la periodista Oprah Winfrey hace unos días a nadie sorprendió. Quizás el cinismo, la tranquilidad, el relato sin asomo alguno de arrepentimiento sí sorprendieron. Como también causó sorpresa el caso del fiyiano Vijay Singh, que esta semana se vio envuelto en una polémica por cuenta de un ‘dopaje involuntario’. Como suele ocurrir, el mundo del golf guardó silencio, las autoridades miraron hacia otro lado y todo continuó como si nada hubiera ocurrido. ¿Será esta la punta del iceberg?

El nombre de Singh resultó involucrado con dos representantes de una compañía llamada Sports with Alternatives to Steroids (SWATS) y su producto ‘deer antler spray’, un aerosol hecho a partir del cuerno de venado, que supuestamente ayuda a mejorar el rendimiento deportivo, según un artículo de la prestigiosa revista Sports Illustrated. El aerosol contiene IGF-1, una hormona anabólica que estimula el crecimiento muscular y está prohibida por todas las principales organizaciones deportivas. Singh admitió haber usado el implemento, pero dijo que no tenía idea de que violaba las normas antidopaje de la PGA, y añadió que estaba cooperando con la investigación del circuito sobre este hecho.

Miembro del Salón de la Fama desde 2006 y único jugador que desbancó a Tiger Woods del número uno del ranquin mundial cuando ‘el Tigre’ estaba en actividad, Singh ahora tiene que disputar el que puede ser el ‘match’ más difícil de su larga y exitosa trayectoria deportiva. “Si bien usé el ‘deer antler’, en ningún momento se me advirtió de que podía contener una sustancia prohibida por la política antidopaje del Tour de la PGA”, explicó Singh en un comunicado. “De hecho, la primera vez que recibí el producto revisé la lista de ingredientes y no vi alguna sustancia prohibida. Estoy absolutamente sorprendido de que el aerosol de cuerno de venado pueda contener algo prohibido y estoy enfadado porque me he puesto en esta posición”, añadió.

Doug Barron, el único caso positivo comprobado en el PGA Tour.
Con 34 títulos del PGA Tour en su hoja de vida, incluidos los del Masters de Augusta de 2000 y los del PGA Championship de 1998 y 2004, Singh corre el riesgo de que los grandes méritos de su trayectoria deportiva pasen directo al baúl de los recuerdos por cuenta de la sombra del dopaje. El artículo de Sports Illustrated señala que a los jugadores del circuito estadounidense se les advirtió en 2011 sobre el ‘spray’ hecho a partir de la cornamenta de los ciervos después de que a Mark Calcavecchia se le prohibiera recibir el patrocinio del aerosol hecho por la empresa SWATS.

Como se sabe, el único caso comprobado (¿o admitido?) de dopaje en el golf es el del Doug Barron. En noviembre de 2009, el estadounidense quedó en la picota pública tras haber dado positivo en un control antidopaje que le realizaron durante un torneo en el mes de julio de ese año. El PGA Tour nunca divulgó la sustancia que Barron consumió, y lo sancionó con un año de suspensión. En su defensa, el deportista dijo que nunca había consumido algo prohibido y que las sustancias que usaba tenían como fin permitirle llevar una “vida normal”. En 1987, a Barron le diagnosticaron una deficiencia cardiaca, una arritmia en la válvula mitral. Tiene prescripciones médicas para beta bloqueantes, que controlan su ritmo cardíaco, y testosterona para aumentar su energía a lo largo del día. A pesar de ello, el jugador quedó al margen del circuito y su carrera deportiva, marcada para siempre.

No hace mucho, cuando la polémica por el caso de Lance Armstrong estaba en la cresta de la ola, el propio Tiger Woods dijo que el golf no podía estar apartado de las normas y que los controles deberían ser más frecuentes y exigentes. Nadie, sin embargo, pareció escuchar sus palabras. Unos años antes, durante el British Open de 2007, que se disputó en Carnoustie (Escocia), fue Gary Player, una de las leyendas vivientes del deporte, el que puso el dedo en la llaga: “Estamos soñando si creemos que el dopaje no llegó al golf. Sé que hay jugadores que consumen drogas, ya sea HGH (hormona de crecimiento humana), creatina o esteroides. En la gira principal hay algunos que están tomando algo”, aseguró en aquella ocasión. Tampoco le hicieron caso.

Como Player no divulgó los nombres de los jugadores que según él consumían sustancias prohibidas, el caso terminó ahí. Dado que Barron había perdido el carné del PGA Tour en 2006 y en el momento de la suspensión jugaba sin mayor brillo en el entonces Nationwide Tour, fue el ‘conejillo de indias’ perfecto. Ahora, sin embargo, la situación puede ser diferente, pues en el caso de Vijay Singh se trata de un ex número uno del mundo, un triple ganador ‘Major’ y en el gran campeón de la FedEx Cup en 2008, por delante nada menos que al colombiano Camilo Villegas, vencedor de dos torneos de los ‘playoffs’ en esa temporada.

El ciclista Lance Armstrong en la entrevista con Oprah Winfrey.
Las críticas al PGA Tour son fuertes, porque su política antidopaje es tan difusa como algunas de las sustancias que están prohibidas y tan enredada como la madeja del caso Armstrong. Quienes lo conocen, dicen que el manual sobre dopaje es confuso y poco preciso, al punto que no se explica con claridad cómo se determina el jugador que va a ser examinado, ni tampoco las circunstancias o momentos en que se realiza el control. Podría pensarse, inclusive, que cualquier golfista del circuito puede ser sometido a un control en cualquier momento, dentro o fuera de la competencia, pero lo escrito no aporta claridad al respecto.

Inclusive, el PGA Tour se puede reservar el derecho de hacer público cualquier caso de positivo, lo que da pie para comenzar a sospechar. Con esa cuestionable política, en la década de los 90 el ciclismo colombiano sufrió lo indecible: en una época de ‘vacas flacas’, los directivos de la Federación Colombiana de  Ciclismo pensaron que la mejor forma de preservar los patrocinadores y salvaguardar el nombre del deporte era tapar, literalmente, los casos comprobados de positivos. Al final, varios de ellos (por ejemplo, el de Pablo Wilches, campeón del Clásico RCN y de la Vuelta a Colombia, las máximas pruebas del calendario nacional) salieron a la luz pública y, contrario a lo que los torpes dirigentes pensaban, el escándalo y los perjuicios fueron mayores.

Lo cierto es que resulta ingenio pensar que no hay dopaje en un deporte como el golf profesional, que en el caso del PGA Tour realiza torneos semanales en los que se juegan al menos 5 millones de dólares. La única forma de salir de las dudas es que los controles se realicen de manera abierta, que todos los competidores, el público, los patrocinadores y los medios de comunicación conozcan los nombres de los deportistas examinados y, claro, los resultados de los análisis. Es preferible que caiga algún involucrado, y pague su culpa, a que se siga pretendiendo que nada ocurre. En el caso de Vijay Singh hay todavía mucha tela por cortar y lo peor que puede hacer el circuito es esperar que baje la marea, que se calmen los ánimos y seguir mirando para otro lado. Esta sería una estrategia muy torpe, porque en el momento en que caiga un ‘pez gordo’, un Lance Armstrong del golf, será poco lo que el PGA Tour pueda hacer para salir del espiral y hará falta mucho dinero para recuperar la credibilidad perdida.

Hasta la próxima…

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