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Vijay Singh, triple campeón 'Major', quedó en el ojo de la tormenta por un eventual dopaje involuntario. |
Mientras se
siga mirando hacia otro lado, como si nada ocurriera, el mal va a seguir
incubándose y creciendo. Lo mejor del escándalo provocado por el confesado
dopaje del ciclista estadounidense Lance Armstrong no es que Santiago Botero
pueda terminar en el podio del Tour de Francia de 2002, como pretenden de
manera folclórica algunos medios de comunicación en el país, sino las lecciones
que de aquello se puedan aprender. Y, sobre todo, lo que otros deportes puedan sacar
para su provecho de esta dolorosa experiencia, para que no caigan en el mismo
espiral del que después sea muy difícil escapar.
La
confesión que Armstrong le hizo a la periodista Oprah Winfrey hace unos días a
nadie sorprendió. Quizás el cinismo, la tranquilidad, el relato sin asomo
alguno de arrepentimiento sí sorprendieron. Como también causó sorpresa el caso
del fiyiano Vijay Singh, que esta semana se vio envuelto en una polémica por
cuenta de un ‘dopaje involuntario’. Como suele ocurrir, el mundo del golf
guardó silencio, las autoridades miraron hacia otro lado y todo continuó como
si nada hubiera ocurrido. ¿Será esta la punta del iceberg?
El nombre
de Singh resultó involucrado con dos representantes de una compañía llamada
Sports with Alternatives to Steroids (SWATS) y su producto ‘deer antler spray’,
un aerosol hecho a partir del cuerno de venado, que supuestamente ayuda a mejorar
el rendimiento deportivo, según un artículo de la prestigiosa revista Sports Illustrated. El aerosol contiene
IGF-1, una hormona anabólica que estimula el crecimiento muscular y está
prohibida por todas las principales organizaciones deportivas. Singh admitió
haber usado el implemento, pero dijo que no tenía idea de que violaba las
normas antidopaje de la PGA, y añadió que estaba cooperando con la
investigación del circuito sobre este hecho.
Miembro del
Salón de la Fama desde 2006 y único jugador que desbancó a Tiger Woods del
número uno del ranquin mundial cuando ‘el Tigre’ estaba en actividad, Singh
ahora tiene que disputar el que puede ser el ‘match’ más difícil de su larga y
exitosa trayectoria deportiva. “Si bien usé el ‘deer antler’, en ningún momento
se me advirtió de que podía contener una sustancia prohibida por la política
antidopaje del Tour de la PGA”, explicó Singh en un comunicado. “De hecho, la
primera vez que recibí el producto revisé la lista de ingredientes y no vi alguna
sustancia prohibida. Estoy absolutamente sorprendido de que el aerosol de
cuerno de venado pueda contener algo prohibido y estoy enfadado porque me he
puesto en esta posición”, añadió.
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Doug Barron, el único caso positivo comprobado en el PGA Tour. |
Con 34
títulos del PGA Tour en su hoja de vida, incluidos los del Masters de Augusta
de 2000 y los del PGA Championship de 1998 y 2004, Singh corre el riesgo de que
los grandes méritos de su trayectoria deportiva pasen directo al baúl de los
recuerdos por cuenta de la sombra del dopaje. El artículo de Sports Illustrated señala que a los
jugadores del circuito estadounidense se les advirtió en 2011 sobre el ‘spray’
hecho a partir de la cornamenta de los ciervos después de que a Mark
Calcavecchia se le prohibiera recibir el patrocinio del aerosol hecho por la
empresa SWATS.
Como se
sabe, el único caso comprobado (¿o admitido?) de dopaje en el golf es el del Doug
Barron. En noviembre de 2009, el estadounidense quedó en la picota pública tras
haber dado positivo en un control antidopaje que le realizaron durante un
torneo en el mes de julio de ese año. El PGA Tour nunca divulgó la sustancia
que Barron consumió, y lo sancionó con un año de suspensión. En su defensa, el
deportista dijo que nunca había consumido algo prohibido y que las sustancias
que usaba tenían como fin permitirle llevar una “vida normal”. En 1987, a
Barron le diagnosticaron una deficiencia cardiaca, una arritmia en la válvula
mitral. Tiene prescripciones médicas para beta bloqueantes, que controlan su
ritmo cardíaco, y testosterona para aumentar su energía a lo largo del día. A
pesar de ello, el jugador quedó al margen del circuito y su carrera deportiva,
marcada para siempre.
No hace
mucho, cuando la polémica por el caso de Lance Armstrong estaba en la cresta de
la ola, el propio Tiger Woods dijo que el golf no podía estar apartado de las
normas y que los controles deberían ser más frecuentes y exigentes. Nadie, sin
embargo, pareció escuchar sus palabras. Unos años antes, durante el British
Open de 2007, que se disputó en Carnoustie (Escocia), fue Gary Player, una de
las leyendas vivientes del deporte, el que puso el dedo en la llaga: “Estamos
soñando si creemos que el dopaje no llegó al golf. Sé que hay jugadores que
consumen drogas, ya sea HGH (hormona de crecimiento humana), creatina o
esteroides. En la gira principal hay algunos que están tomando algo”, aseguró
en aquella ocasión. Tampoco le hicieron caso.
Como Player
no divulgó los nombres de los jugadores que según él consumían sustancias
prohibidas, el caso terminó ahí. Dado que Barron había perdido el carné del PGA
Tour en 2006 y en el momento de la suspensión jugaba sin mayor brillo en el
entonces Nationwide Tour, fue el ‘conejillo de indias’ perfecto. Ahora, sin
embargo, la situación puede ser diferente, pues en el caso de Vijay Singh se
trata de un ex número uno del mundo, un triple ganador ‘Major’ y en el gran
campeón de la FedEx Cup en 2008, por delante nada menos que al colombiano
Camilo Villegas, vencedor de dos torneos de los ‘playoffs’ en esa temporada.
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El ciclista Lance Armstrong en la entrevista con Oprah Winfrey. |
Las
críticas al PGA Tour son fuertes, porque su política antidopaje es tan difusa
como algunas de las sustancias que están prohibidas y tan enredada como la
madeja del caso Armstrong. Quienes lo conocen, dicen que el manual sobre dopaje
es confuso y poco preciso, al punto que no se explica con claridad cómo se
determina el jugador que va a ser examinado, ni tampoco las circunstancias o
momentos en que se realiza el control. Podría pensarse, inclusive, que
cualquier golfista del circuito puede ser sometido a un control en cualquier
momento, dentro o fuera de la competencia, pero lo escrito no aporta claridad
al respecto.
Inclusive,
el PGA Tour se puede reservar el derecho de hacer público cualquier caso de
positivo, lo que da pie para comenzar a sospechar. Con esa cuestionable política,
en la década de los 90 el ciclismo colombiano sufrió lo indecible: en una época
de ‘vacas flacas’, los directivos de la Federación Colombiana de Ciclismo pensaron que la mejor forma de
preservar los patrocinadores y salvaguardar el nombre del deporte era tapar,
literalmente, los casos comprobados de positivos. Al final, varios de ellos
(por ejemplo, el de Pablo Wilches, campeón del Clásico RCN y de la Vuelta a
Colombia, las máximas pruebas del calendario nacional) salieron a la luz
pública y, contrario a lo que los torpes dirigentes pensaban, el escándalo y
los perjuicios fueron mayores.
Lo cierto
es que resulta ingenio pensar que no hay dopaje en un deporte como el golf
profesional, que en el caso del PGA Tour realiza torneos semanales en los que
se juegan al menos 5 millones de dólares. La única forma de salir de las dudas
es que los controles se realicen de manera abierta, que todos los competidores,
el público, los patrocinadores y los medios de comunicación conozcan los
nombres de los deportistas examinados y, claro, los resultados de los análisis.
Es preferible que caiga algún involucrado, y pague su culpa, a que se siga
pretendiendo que nada ocurre. En el caso de Vijay Singh hay todavía mucha tela por
cortar y lo peor que puede hacer el circuito es esperar que baje la marea, que
se calmen los ánimos y seguir mirando para otro lado. Esta sería una estrategia
muy torpe, porque en el momento en que caiga un ‘pez gordo’, un Lance Armstrong
del golf, será poco lo que el PGA Tour pueda hacer para salir del espiral y
hará falta mucho dinero para recuperar la credibilidad perdida.
Hasta la
próxima…
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