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La victoria de Adam Scott en el Masters de Augusta avivó la polémica. |
Tras más de dos décadas de silencio cómplice, esta semana
por fin los directivos de la United States Golf Association (USGA) tendrán que
tomar partido en la polémica. La estrategia de los pilatos, que siempre miran
para otro lado y hacen como si nada de lo que ocurre fuera con ellos, se les
convirtió en un búmeran y, entonces, no les quedó más remedio que dar la cara.
¡Por fin! Ahora, habrá que esperar que esta participación no termine en un nuevo
y bochornoso shank, que cause más
daño al deporte que las omisiones del pasado.
El tema en cuestión es el famoso y polémico belly putter, el putt largo que cada vez es más popular entre los jugadores
profesionales, ya no solo en el Champions Tour (el circuito reservado para
jugadores mayores de 50 años), sino en el propio PGA Tour. De hecho, uno de los
que recurrieron a él para tratar de superar los problemas sobre el green fue el australiano Adam Scott, reciente
ganador del Masters de Augusta. Si la controversia estaba encendida desde hace
varios meses, el éxito de Scott atizó la hoguera y subió la temperatura de una
confrontación que va mucho más allá de lo deportivo.
Uno de los duelos que se esconde tras las críticas al belly puter es el que libran el PGA
Tour, en una esquina, y el Tour Europeo, el LPGA Tour y los circuitos de Japón,
Asia y Suráfrica, en la otra. El primero está abiertamente en contra de una
eventual prohibición del cuestionado implemento, mientras que los restantes,
sin decirlo públicamente o en voz alta, son partidarios de la veda. La USGA y
el Royal and Ancient Club of St. Andrews, los dos organismos que promulgan las
reglas del golf, están alineados en este último bando.
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El apoyo en alguna parte del cuerpo, la raíz del problema. |
El belly putter
surgió por allá en los años 80, en una fecha que prácticamente nadie puede
determinar. Lo hizo como respuesta a los crecientes problemas de los jugadores,
en especial aquellos de edad (más de 35 años), para los que el juego sobre el green se había convertido en una
verdadera tortura. El palo es entre 15 y 20 centímetros más largo que el
convencional, pero como todos sabemos la polémica radica en el eventual apoyo
en alguna parte del cuerpo, especialmente el pecho o el abdomen. De acuerdo con
sus detractores, ese detalle, el apoyo, brinda una ventaja clara y sustancial
en detrimento de aquellos golfistas que continúan usando el palo tradicional.
En aquel entonces, eran tan pocos los jugadores que usaban
ese novedoso implemento que nadie le paró bolas. Con el paso de los años, sin
embargo, fue más común verlo en las talegas de los jugadores profesionales, ya
no solo los mayores, sino también los de mayor nivel competitivo. Inclusive,
algunos jugadores amateurs agobiados por los temibles yips decidieron probarlo. Lo normal, en todo caso, es que acudieran
al belly putter como último recurso y
regresaran al putt normal una vez
recuperaran la confianza sobre el green.
Esa circunstancia fue la que favoreció, precisamente, la actitud pasiva de los mandamases
del golf, que ahora están despelucados y no saben qué hacer.
El alemán Bernhard Langer, que sumó tres victorias en el PGA
Tour, incluidas dos en el Masters de Augusta, y acredita otras 18 en el
Champions Tour (una en el Senior Open Championship y otra en el U.S. Senior
Open), lo usa desde hace varios años. El irlandés Padraig Harrington (doble
vencedor del British Open), el fiyiano Vijay Singh, el español Sergio García y
hasta la hawaiana Michelle Wie (de apenas 23 años) son otros jugadores reconocidos
que sacaron de su talega el palo más corto y lo remplazaron por el más largo. A
ellos, no hace mucho, se les sumó Scott. Algunos han alcanzado éxitos y otros,
simplemente, continuaron padeciendo los mismos inconvenientes de antes. A pesar
de ello, la polémica está que arde y prácticamente todos los estamentos del
golf están pendientes de lo que esta semana la USGA dictamine en torno del belly putter.
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Padraig Harrington lo usará mientras esté permitido. |
Tiger Woods, cuyos problemas con el putt son ampliamente conocidos, pero que jamás ha intentado en el
palo más largo, es uno de los que se declara favorable a la prohibición. “A lo
largo de los 600 años de historia que tiene este deporte, una de las premisas
básicas ha sido y será que el palo se agarre con las manos y que pueda girar
libremente. El reto de todo jugador es controlar el movimiento de su hierro
cuando este impacta la bola y el hecho que se utilicen putters largos y pegados al cuerpo hace que este principio se
altere. Nuestra conclusión es que las reglas deben ser modificadas si queremos
seguir con la tradición”, afirmó recientemente Mike Davis, ejecutivo de la
USGA.
El argumento de los detractores es que el belly putter otorga una ventaja
significativa a quien lo usa. Si eso es cierto, entonces, ¿por qué no todos los
profesionales lo adoptaron? Igual, con este palo también se observan
tripoteadas o fallos increíbles desde cortas distancias, algo de lo que tanto
Scott como García pueden dar fe. Hasta esta semana, por ejemplo, el líder de putts por ronda es Brian Gay, con 27,29,
seguido del australiano Aaron Baddeley, con 27,45. Woods es duodécimo, con
28,04. Mientras, el surafricano Tim Clark, miembro del club de fans del belly putter, es decimoséptimo, con
28,24. García aparece de 23, con 28,33 (igualado con Phil Mickelson); Furyk
está de 74, con 29,00. A la luz de esas cifras, la supuesta ventaja no se constata.
Es cierto que, como dice Davis, el principio del swing de
golf se altera con la utilización del belly
putter. Si bien hay jugadores que lo usan de manera convencional, es decir,
sin apoyarlo en alguna parte del torso y realizan el tradicional péndulo con
los hombros, hay otros que, sin empacho, se apoyan sobre el mango del palo. Pero,
y de eso hay cientos de miles de pruebas, eso no les garantiza embocar de menos
golpes, o desde más lejos que sus rivales. En voz baja, tal y como lo han
hechos los directivos, los fabricantes de estos palos hacen fuerza (léase meten
presión) para que la prohibición no se dé, pero todo parece indicar que, muy al
estilo Pilatos, los señores de la USGA van a salir con una medida salomónica
tendiente a dejar conformes a todos.
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Bernhard Langer, uno de los primeros que adoptó el 'belly putter'. |
¿Cuál podría ser? Permitir el uso del belly putter sin restricciones hasta el 31 de diciembre de 2015 y
prohibirlo desde el primero de enero de 2016, cuando entrará en vigor la
actualización de las reglas de golf. ¿Esa es la solución? Desde luego que no,
pero el temor y la hipocresía de los mandamases del golf no es exclusividad de
Colombia. La española Azahara Muñoz, que emplea este palo, ya dijo que no está
en contra de la prohibición, pero que lo mantendrá en su talega mientras esté
permitido. Se quejó, eso sí, de las insinuaciones de algunos, en el sentido que
usar el belly putter es una suerte de
trampa. Si eso fuera cierto, todos aquellos jugadores que lo emplean deberían
ser sancionados y sus triunfos, borrados. Pero, claro, sabemos que eso es
imposible.
Lo cierto es que, sin importar qué decisión adopte la USGA,
la polémica no se terminará. Habrá que esperar qué dice el PGA Tour en caso de
que se decida una prohibición y también en qué términos se establece esta. De
la misma manera, está claro que los responsables de reglamentar el golf se
dejaron coger ventaja y ahora no saben qué hacer con esa papa caliente, de ahí
que el riesgo de pegar un solemne shank
es inmenso. El golf es un deporte extremadamente complejo, y más sobre un
terreno sinuoso como el green, de
modo que una eventual prohibición se antoja apenas como pañitos de aguas
tibias. Y lo peor es que queda la sensación de que toda esta polémica no es más
que una mediática cortina de humo de los directivos para evitar abordar
problemas realmente importantes en el golf, como los controles antidopaje, a
los que también se les está gambeteando.
Hasta la próxima…
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