martes, 30 de abril de 2013

El estado de postración del golf colombiano


A pesar de la crisis económica, en España el golf se niega a ceder.

Lo mejor del deporte es que, gracias a los números, todo puede ser medido. Si bien siempre hay un espacio para la especulación, para la opinión personal, al final se llega al mismo punto: lo único que no permite interpretación, que no miente, es la cifra. Y las cifras del golf colombiano demuestran que desde hace casi una década va como el cangrejo, para atrás, y que el desarrollo del que se nos habla no es más que otra mentira: la realidad fehaciente e incuestionable es que el golf colombiano se estancó.

De manera universal, aunque con los matices propios de cada país, la razón de ser de las federaciones deportivas es la promoción de su deporte. En Colombia, sin embargo, eso difícilmente se da. Y en el caso del golf, para rematar, se ha distorsionado de un modo espantoso: la entidad que rige el deporte se alejó de los lineamientos que le establece la ley, de la filosofía con la cual se creó, y se convirtió en una empresa organizadora de torneos y, lo peor, con ánimo de lucro, lo cual contradice su esencia. Se legisla para unos pocos, se actúa cómo una pirámide y los beneficios, al mejor estilo del ‘carrusel’ de la corrupción en Bogotá, se reparten solo entre los que se someten a sus designios y con su silencio acolitan las irregularidades.

En la más reciente edición de su revista institucional, la Real Federación Española de Golf (RFEG) ofreció un balance de su gestión durante 2012. A diferencia de lo que ocurre aquí, donde las cifras son maquilladas y manipuladas para convencer a los ignorantes que asisten a la asamblea de clubes, allá las cifras son públicas: no hay miedo de presentarlas, porque no hay nada que esconder. Como Colombia, España tiene unos 47 millones de habitantes, pero a diferencia de nosotros que desde hace varios años sufre una terrible crisis económica que ha golpeado con dureza todos los cimientos de la sociedad, sin distingo de clase; y, claro, el golf no fue la excepción.

La RFEG no tiene miedo de mostrar sus cifras, así sean negativas.
Sin querer ocultar la realidad, como reflejo de la crisis la RFEG reporta una disminución del 3,5 en el número de licencias (lo que aquí llamamos hándicap), que deja en 315.301 el número de afiliados a finales del año pasado. ¡¡315.301 afiliados!!, contra los 14.700 que registró la Fedegolf en la misma fecha. Mientras en Colombia a los directivos se les llena la boca diciendo que hay 50 clubes afiliados, hay que decirles en la madre patria son ¡¡412!! De hecho, el año pasado se unieron a esa entidad 14 instituciones y, como dato relevante, 13 de ellos no poseen campo de golf.

Algunos datos nos permiten ver qué tan lejos estamos, a pesar de que aquí hay algunos incautos que insisten en que Colombia es potencia porque les gana a Panamá, Ecuador, Bolivia, Costa Rica y Trinidad y Tobago. En España hay 591 clubes, de los cuales 412 tienen campo de golf y otros 141 no lo tienen. Hay 223 con campos de 18 hoyos, 85 con campos de 9 hoyos, 19 con campos par 3 y 29 con pitch and putt. Eso, sin contar con los campos de práctica y los campos cortos de enseñanza construidos a lo largo y ancho de la geografía de la península ibérica, en todas las comunidades autonómicas (lo que aquí llamamos departamentos).

En 1990, es decir, hace casi 15 años, España tenía 45.000 golfistas federados, o sea, más del triple de los que acredita Colombia en la actualidad. En 19996 se pasó de 100.000; en 2002, de los 200.000 y en 2006, de los 300.000. La máxima cifra de afiliados se dio en 2010, con 338.580 registros. Hoy, en España hay 95.000 mujeres federadas, de las cuales 40.000 son mayores de 50 años. Es, sin duda, el producto de un juicioso, detallado y, sobre todo, profesional trabajo realizado por la RFEG para promocionar el deporte, para llegar a sectores de la sociedad para los que el golf antes era inalcanzable. No hay improvisación, no hay hipocresía en las reglamentaciones y, lo mejor (algo que aquí no se ve ni por las curvas) los beneficios son para todos los afiliados.

El Centro de Excelencia del Golf, nuevo proyecto de la RFEG.
En España, la cuota federativa (lo que aquí es el hándicap) oscila entre los 23,30 euros (56.000 pesos) que se les cobra a los cadetes (categoría de 15-16 años) y los 74,60 euros (180.000 pesos) que pagan los mayores de 21 años y, mire usted, los profesionales. La norma es que el 50 por ciento de los recursos percibidos por la RFEG se reparte entre las federaciones autonómicas, mientras que por acá mucho más que eso se destina a una inútil y obsoleta burocracia. Otra gran diferencia es que esa entidad definió, y respeta, el perfil que le permitió constituirse en una empresa exitosa: el profesionalismo de sus trabajadores. Todas las áreas son manejadas por profesionales en sus campos, con estudios acreditados y experiencia comprobable, mientras que por acá son médicos caducos, arquitectos quebrados, abogados desempleados, en fin. Son amateurs jugando a dárselas de importantes, atados a un cargo que les otorga un mínimo poder.

En el año 2000, en Colombia había unos 9.000 golfistas afiliados, lo que indica que en los tres últimos lustros el número de jugadores a duras penas se creció la mitad. En España, como se dijo, en el mismo período se multiplicó por 7. ¿En qué radica la diferencia? En un detalle muy sencillo, pero crucial: la filosofía. En España hay una honesta y real intención por promover la actividad, se trabaja para que el golf se desarrolle en todos sus estamentos y manifestaciones, mientras que acá solo se busca un lucro, un superávit que pueda ser exhibido en los maquillados balances que se le presentan a la asamblea.

Por aquí, a pesar de que el hipócrita discurso público diga lo contrario, se trabaja para mantener el establecimiento, es decir, para que el golf siga siendo el privilegio de una minoría. Solo porque la ley lo exige, la Fedegolf acogió a los golfistas independientes, pero en unas condiciones abiertamente discriminatorias frente a aquellos que son socios de clubes privados. Es cierto que el campo de práctica del IDRD que administra la Fedegolf ha brindado la posibilidad de acercamiento al deporte o de aprendizaje a algunos cientos de aficionados que de otra manera no hubieran podido acceder al golf, pero se trata apenas de una burbuja. ¿Por qué? Porque una vez completan la etapa básica de aprendizaje y están listos para salir al campo, no tienen dónde jugar.

Se dice que en Bogotá hay cuatro campos públicos, pero la verdad es que tres son semiprivados. La Cima, propiedad de uno de los directivos de la Fedegolf, es como Tunja: uno va una vez, lo conoce por curiosidad y jura no volver. La Florida, desde hace más de tres décadas, está en poder de una cerrada rosca a la que ni siquiera la Fedegolf tiene acceso y que ha resistido hasta los embates del IDRD, dueño de los terrenos donde están los 9 hoyos; jugar allí, para un visitante común y corriente, es una odisea, especialmente los fines de semana. El de Britania es poco atractivo para el jugador por ser solo de 9 hoyos y porque el estilo de administración no convoca. Queda, entonces, el escenario de la Universidad Manuela Beltrán, antiguo Bogotá Golf, que sí funciona como público y que tiene una elevada ocupación. No está afiliado a la Fedegolf y su estilo de atención al cliente dista, afortunadamente, de las guachadas acostumbradas de la entidad rectora. Un cuello de botella sin solución, especialmente por la torpeza y la miopía de los directivos, máster en ignorancia y petulancia.

Este es un tema que tiene mucha tela para cortar y que profundizaremos en siguientes entregas con información que nos hará entender que, muy al contrario de lo que el obispo Cantinflas y su corte de monaguillos aduladores nos quieren hacer creer, el golf en Colombia está estancado desde hace rato.

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En estos últimos días del mes de abril, GOLF EN CONTRAVÍA está de cumpleaños. Es increíble que ya hayan pasado 12 meses desde que se escribió la primera historia, titulada Una pelea callejera. Desde entonces, y gracias a la fidelidad de los lectores y a la retroalimentación de todos aquellos que aquellos que desean hacer del golf colombiano algo grande y, sobre todo, limpio, esta es la única vitrina independiente, libre de contaminaciones por alianzas o compromisos comerciales, en la que se dice la verdad sin tapujos.

Más de 8000 visitas en este año, una cifra que los expertos en el tema consideran extraordinaria para una publicación cerrada, son el aval al trabajo realizado. Se ha llegado a ámbitos y lectores insospechados, como la alta cúpula del PGA Tour, y, lo mejor de todo, se ha pisado uno que otro callo de quienes se creen intocables, los dueños del golf. Ha sido un ejercicio profesional muy enriquecedor y divertido y los más que satisfactorios resultados nos motiva para seguir comprometidos luchando por la decencia, por la honestidad y, en especial, por la verdad que algunos quieren tapar. El respaldo recibido nos indica que vamos por el buen camino y las amenazas de demanda que llegan desde aquellos que se sienten al descubierto porque se les quitó la careta son una motivación más para continuar adelante.

Hasta la próxima…

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