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Villegas regresó a los 'playoffs' de la FedEx Cup tras un año de ausencia. |
Dicen en el campo que apenas comienzan las lluvias, por doquier aparecen los sapos. En el ámbito del deporte, apenas se dan los triunfos, o las actuaciones destacadas, aparecen los oportunistas. Lo ocurrido con Camilo Villegas esta semana, con el final de la temporada regular del PGA Tour y el arranque de los ‘plyoffs’ de la FedEx Cup, confirmó la premisa: los mismos que hace 12 meses enterraron la carrera del antioqueño, lo sacaron del circuito estadounidense y se regocijaron con su dificultades, son los mismos que ahora que pasó el bus de los éxitos se colaron para conseguir un puesto de privilegio (como cualquier guache en portal de TransMilenio).
El año pasado, cabe recordarlo, después de un desempeño irregular, Villegas terminó en la casilla 148 del listado por punto de la FedEx Cup y, por ende, quedó por fuera de los cuatro torneos que cierran la campaña de los mejores jugadores del mundo. Ese resultado le obligó a participar en los torneos de la llamada Fall Series, con el fin de asegurar los privilegios de su tarjeta a través de la lista de ganancias. El objetivo no se cumplió, pues e colombiano ocupó el puesto 144 de ese escalafón que, como se sabe, premia a los primeros 125. Esa circunstancia lo dejó con estatus condicional para 2013, pero nunca le quitó su condición de miembro del circuito ni le hizo perder la tarjeta, como en flagrante muestra de ignorancia se publicó en medios de comunicación y hasta en la página web de la Fedegolf.
Entonces, la siguiente escala fue la final de la Escuela de Clasificación (Q-School), que disputó por primera vez. La meta era quedar entre los 25 primeros para recuperar el estatus completo, pero tampoco se logró: fue 32. Así, no quedó más remedio que ponerle el pecho a la fuerte brisa y comenzar el 2013 en una condición poco habitual para un jugador de su talento y trayectoria: con estatus condicionado. De acuerdo con lo que el mismo Villegas dijo en los primeros meses del año, entre participaciones por derecho propio e invitaciones, podría acumular unos 20 torneos: al final, fueron 21 (hasta el Wyndham Championship), incluido el British Open, al que logró la entrada por la vía de la clasificación continental.
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Villegas tiene en la mira su cuarta victoria en el PGA Tour. |
Villegas, en un rol distinto al de pasadas temporadas, mostró gran madurez y, sobre todo, se mantuvo alejado de la exposición mediática que lo expone a tantos chismes y comentarios de mal gusto no solo acerca de su trayectoria de deportiva, de sus resultados en el campo, sino también de su vida privada y, qué horror, hasta de su condición sexual. Se dedicó a su trabajo, con la misma pasión y disciplina de siempre, concentrado en conseguir los objetivos. Y logró varios: volver a estar presente en un ‘Major’, así haya sido eliminado al cabo de 36 hoyos; volver a estar en los ‘playoffs’ de la FedEx Cup, un ambiente en el que se mueve como pez en el agua; haber finalizado entre los 125 mejores para garantizar los privilegios completos para 2014. Aún, sin embargo, hay algunas asignaturas pendientes: regresar al círculo de los vencedores, por ejemplo, o darse mañas para llegar al ‘field’ del The Tour Championship (Top-30 de la FedEx Cup) para asegurarse un cupo en los ‘Majors’ del año próximo.
Lo cierto, es que sin necesidad de abrir la boca, Camilo Villegas les cerró la misma a todos sus detractores, a aquellos oportunistas que el año pasado quisieron hacer leña del árbol caído. En este país, en el que la enfermedad de mayor índice de mortalidad es la envidia, no fueron pocos los que le quisieron cobrar al antioqueño el hecho de no dejarse manosear, de no dejarse manipular, de no servir de títere para sus intereses económicos particulares, de fijar unos límites y hacerlos respetar. Ahora, sin el menor asomo de vergüenza, son esos mismos personajes de pacotilla, columnistas, directivos o cualquier otra especie de alimañas, los que alzan la voz para celebrar el buen momento de Villegas. Es la vulgar hipocresía que habla a la perfección del grado de descomposición al que se llegó en el golf por cuenta del ejemplo de una cúpula indigna y corrupta.
Es cierto que Villegas está muy lejos de ser el fantástico jugador que en 2008 nos tocó las fibras más íntimas del corazón con dos victorias y un protagonismo de primer orden. Tampoco es el mismo que en 2009 jugó los cuatro ‘Majors’ y logró un Top-10 en los’playoffs’ de la FedEx Cup (fue octavo del BMW Championship) y conformó el equipo Internacional de la Presidents Cup. No es, así mismo, el que en 2010 logró su tercera victoria en el circuito estadounidense y acreditó otros siete Top-10 y, de nuevo, se destacó en la recta final de la campaña. Lo que algunos sabihondos no quieren entender, a pesar de que dicen sabérselas todas, es que a pesar de que los resultados y el protagonismo no son los mismos de antes, Camilo Villegas sigue siendo el mismo de siempre.
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Llegar al Top-30 de la FedEx Cup, el objetivo del colombiano. |
Quién sabe qué le tiene preparado la vida al jugador antioqueño para el futuro, pero lo cierto es que así como en la cresta de la ola, a la hora de los triunfos, se dijo que era un deportista y una persona admirable, ahora hay que reafirmar, con tono enérgico, esa sensación: es digno de admiración. Por su disciplina, por su capacidad de lucha, por su sacrificio, por su mentalidad positiva, por su ejemplo de constancia y dedicación, por su humildad para enfrentar los tiempos difíciles, por su perseverancia. Camilo Villegas no era más que ahora cuando estuvo de séptimo en el ranquin mundial, cuando fue subcampeón de la FedEx Cup, cuando los hipócritas oportunistas se arrodillaron a sus pies. De la misma manera, Camilo Villegas no es menos porque ahora esté alejado de los triunfos, porque aparezca más allá de puesto 200 en el escalafón orbital, porque haya quedado por fuera de algunos ‘Majors’ y de los World Golf Championships.
Camilo Villegas es, siempre ha sido y seguirá siendo el mismo sin importar esas clasificaciones, esos triunfos. Su valor no está en el palmarés, sino en lo que encierra como persona, como deportista ejemplar, como modelo digno de imitar por parte de las nuevas generaciones. “El PGA Tour es mi casa y voy a trabajar por continuar en ella durante mucho tiempo”, dijo Villegas en una entrevista a comienzos del año. Hoy, felizmente para él, para quienes lo seguimos sin depender del vaivén de los resultados y para el deporte nacional, su vigencia en la élite es la misma de siempre. Las dificultades continuarán (porque son el único camino para llegar al éxito) y los triunfos pronto volverán. Enhorabuena.
Hasta la próxima…

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