![]() |
Vijay Singh continúa con su temeraria demanda contra el PGA Tour. |
La pelea va para largo. Eso está claro. Y por lo menos uno
de los involucrados, en este caso el fiyiano Vijay Singh, está dispuesto a
llegar hasta las últimas consecuencias, pase lo que pase. En los últimos días,
el enfrentamiento entre el veterano jugador asiático y el PGA Tour avanzó por
caminos inesperados, pues Singh comenzó a destapar las cartas de la que será su
defensa en la corte de Nueva York, si es que esta decide aceptar la temeraria demanda
interpuesta por el golfista.
Como se sabe, a comienzos del año, en una entrevista
concedida a Sports Illustrated,
confesó haber empleado un aerosol que contenía la hormona IGF-1, que figura en
la lista de sustancias prohibidas por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA). A
partir de entonces, el jugador quedó en la picota pública y el PGA Tour elevó
una consulta a la AMA para saber si en efecto se había violado el régimen
antidopaje para, en consecuencia, aplicar las sanciones previstas. La entidad,
sin embargo, se lavó las manos al informar que el famoso aerosol no estaba
incluido en su lista, aunque nada dijo de la famosa hormona, en la que estaba
la clave del episodio.
Luego de que la AMA emitiera su concepto y, en teoría, lo
exonerara de cualquier culpa, Singh contraatacó de la manera más inesperada: en
la antesala del The Players Championship, anunció una demanda contra el PGA
Tour por una cifra estimada en 70 millones de dólares (más de lo que ha ganado
a lo largo de su trayectoria profesional), por supuestos daños y perjuicios
causados en su contra. Según el jugador, el circuito lo trató de una manera
injusta y le provocó un daño irreparable a su imagen. La jugarreta del asiático
generó estupor entre sus colegas, de cuyo fondo de retiro saldría el dinero
para pagarle en caso de que algún día llegara a ganar en los tribunales.
![]() |
Tim Finchem, comisionado del PGA Tour. |
Luego de varias semanas en silencio, hace pocos días se conoció
cuál será el siguiente paso de Singh en este tortuoso camino: dejará a un lado
el tema del antidopaje y se concentrará en uno de matoneo. El argumento de los
abogados defensores del jugador es que los habitantes de Ponte Vedra Beach
(Florida), donde reside el asiático, lo han convertido en objeto de burlas y
críticas constantes desde que se inició la polémica. Culpan al PGA Tour por
haberlo suspendido de manera temporal mientras se resolvía la consulta a la AMA
y, por eso, llegaron hasta los tribunales con una reclamación de grandes
proporciones. Obviamente, esta jugada fue interpretada en el ámbito del
circuito como un nuevo ‘shank’.
Lo cierto es que cada paso que da en su intención por lavar
su nombre consigue el efecto contrario, es decir, concitar mayor animadversión
y antipatía tanto entre sus colegas como entre los aficionados, que no se han
guardado sus críticas en los torneos en los que Singh estuvo presente en los
últimos meses. A los jugadores del PGA Tour les parece traído de los cabellos
que, después de que fue el propio Singh el que reconoció el uso de la sustancia
prohibida, ahora venga a ponerse en el plan de víctima y, para colmo, enfile
sus baterías contra un dinero reservado con un fin específico: es el fondo
pensional destinado a socorrer a los golfistas que enfrenten problemas
económicos una vez se retiren de la actividad profesional. En otras palabras,
sienten que Singh les está metiendo la mano en el bolsillo de manera abusiva.
Por otro lado, los abogados de Singh tienen una tarea harto
complicada para comprobar no solo las conductas que tipifican como matoneo,
sino también para certificar que estas en efecto se dieron en contra de su
defendido. El problema es que Singh no es un ciudadano común y corriente, un
simple vecino que es rechazado por quienes viven alrededor. Singh, antes que
nada, es un golfista y todos sabemos que en este deporte hay códigos de comportamiento
distintos o adicionales a los que se tienen en cuenta en la sociedad. En otras
palabras, lo que en el mundo real puede ser aceptado o normal, en el mundo del
golf puede constituir una conducta impropia.
Lo que en la vida real pude ser un delito menor o apenas un
desliz que haga sonrojar al infractor, en el golf puede constituir una causal
de descalificación o de sanción: alterar la tarjeta de ‘scores’ de manera
consciente y premeditada, quebrantar las normas de etiqueta (vociferando
groserías o azotando palos en el campo, por ejemplo) o hacer uso de sustancias
prohibidas a sabiendas de que no va a ser sometido a un control antidopaje. Son
situaciones que se dan día tras día en los campos del mundo y que, lo peor, son
conocidos por todos sin que alguien tome las medidas necesarias.
El grave problema que existe en el golf es que casi siempre
se termina en un callejón sin salida: es la palabra del acusador contra la del
acusado. Entonces, por lo general el infractor se sale con la suya, porque no
hay pruebas contundentes, irrefutables, que lo condenen. Así, entonces, se ha
generado una cultura de trampa que cada día le causa más daño a una actividad cuyo
gran tesoro es la honestidad de sus practicantes. Por eso, no es raro que como
ha ocurrido en Colombia los jugadores ajenos a este tipo de prácticas hayan
decidido apartarse de los torneos oficiales, hartos de que las autoridades sean
incapaces de tomar medidas eficaces o, peor aún, sean cómplices descarados
cuando los involucrados son personas allegadas a sus círculos de poder.
![]() |
Los jugadores del PGA Tour no dan crédito a la molesta situación. |
El problema para Singh es que fue él mismo el que se metió
en este espiral, con las declaraciones que concedió a un medio de comunicación
de circulación nacional. Las reacciones del público en los torneos o de sus
vecinos en Ponte Vedra Beach, entonces, son absoluta responsabilidad suya, al
reconocer que empleó una sustancia prohibida. Lo que ocurre es que, tal y como
se contó en una entrega previa de GOLF EN CONTRAVÍA, Singh es un tramposo con
prontuario, una persona incapaz de reconocer sus errores y, para colmo, un
demandante temerario que no se mosquea poniendo en riesgo los ahorros del fondo
de pensiones de sus colegas.
Son dos los caminos que puede seguir Singh: continuar
tercamente con su insólita reclamación, y asumir en su integridad las
consecuencias de ello (incluidas las burlas y críticas de los aficionados en
los torneos y en su vecindario), o reflexionar y dar marcha atrás. Nada más
despreciable que un tramposo que persiste en su error, y más en el golf que en
la vida misma. Por lo pronto, habrá que esperar la decisión de la corte de
Nueva York en el sentido de si acepta o no la demanda del asiático o si, como
las autoridades del PGA Tour esperan, la desecha y el asunto se archiva. Eso
sí, que quede claro, eso no lavará la maltrecha imagen de Singh y, más bien, será
el caldo de cultivo para que los aficionados le manifiesten al infractor toda
su antipatía. Eso es justamente lo que se merece.
Hasta la próxima…
No hay comentarios:
Publicar un comentario