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Esta fue la última celebración de Tiger Woods en Augusta: ocurrió en 2005. |
Desde hace
más de un lustro, un ‘Major’ no despertaba tal expectativa como lo ha hecho el
Masters Tournament que se disputará esta semana en su tradicional sede en
Augusta (Georgia). La redención de Tiger Woods, de nuevo número uno del mundo,
en procura de su decimoquinto ‘Grande’, sumada al toque de alerta que el pasado
fin de semana dio el joven norirlandés
Rory McIlroy, número dos del planeta, ha hecho que exista un interés que hace
rato no se vivía en la antesala de uno de estos certámenes.
Saber que ‘el
Tigre’ está otra vez listo para ceñir una corona ‘Major’ es la mejor noticia
que podían recibir el Masters de Augusta y, claro, los aficionados al golf
alrededor del mundo. Un ‘Major’ es un ‘Major’ con o sin Tiger Woods, con o sin ‘el
Tigre’ en capacidad de competir. Es, como se dice de los clásicos en el fútbol,
‘un partido aparte’. Sin embargo, nada mejor que saber que si Woods mantiene
las mismas sensaciones en su juego y repite lo realizado recientemente, en
especial en el Arnold Palmer Invitational (que ganó por octava ocasión), no solo el espectáculo
está garantizado: será, sin duda, una semana llena de emociones.
Está claro
que desde mediados de los años 90, cuando hacía de las suyas en las filas
amateur imponiendo récords y marcando hitos, son muchos los aficionados que se
familiarizaron con el golf por culpa de Tiger Woods. Tradicionalmente, el
aficionado se inclina por una disciplina deportiva y, dentro de ella, descubre
un personaje con el que se identifica, que representa sus mismos sueños y
aspiraciones y, entonces, lo convierte en su ídolo. Con el morocho californiano
ocurrió el fenómeno contrario: primero lo adoptaron como ídolo y luego, ahí sí,
se sumergieron en el mar de emociones que depara el golf. Y lo hecho por Woods
en los ‘Majors’ es en buena parte responsable de esto se haya dado así.
Desde que la
carrera deportiva del ‘Tigre’ entró en un espiral, cuando a finales de 2009 se destapó
el escándalo por sus infidelidades y se acabó su matrimonio con la modelo sueca
Elin Nordegren, los cuatro torneos más importantes de cada temporada en el PGA
Tour perdieron parte de su magia, de su encanto, de su condimento. Sin el rey,
la selva se convirtió en un campo sin dios ni ley y las coronas se pasearon de
mano en mano entre golfistas de escaso raigambre, con contadas excepciones. Salvo
Padraig Harrington, Ángel ‘El Pato’ Cabrera y Phil Mickelson, tras la victoria
de Woods en el U.S. Open de 2008 los restantes ganadores de ‘Grandes’ eran
jugadores que estrenaban su palmarés en esta clase de torneos.
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En 2010, un domingo fatal privó a Rory McIlroy de la victoria. |
Resulta
difícil de explicar, pero es una realidad: al aficionado al golf no le gusta
que esa clase de jugadores, muy buenos todos, pero sin el aura que distingue a
los que verdaderamente son excepcionales, gane un ‘Major’. Para ellos, piensa,
están el resto de torneos del año, pero estos cuatro fines de semana están
reservados, dentro del corazón del hincha, para aquellos que tienen fuego
sagrado. De esa manera, la baraja de opciones se reduce a un número de un solo
dígito, no más allá de los dedos de una mano. Todo lo demás es considerado una
sorpresa, no siempre agradable.
Un ejemplo
claro es el canadiense Mike Weir, dueño de la preciada chaqueta verde hace una
década. El zurdo sorprendió a todos cuando sucedió a Woods en el círculo de los
ganadores y hoy es mucho más que un jugador del montón, con enormes
dificultades para superar cortes y visitante habitual de la parte baja de la
tabla de posiciones. Algo parecido puede decirse de Shaun Micheel (PGA
Championship de 2003) y Todd Hamilton (British Open de 2004), que hace poco
estuvieron en Bogotá con ocasión de Colombia Championship del Web.com Tour. Haber
ganado un ‘Major’ les garantizó un lugar en la eternidad, pero no los sacó de
su condición de jugadores comunes y corrientes. Sus victorias pasaron al olvido
tan rápidamente como se callaron los festejos que provocaron al romper todos
los pronósticos.
Dar la cara
y aceptar sus errores en público, además de ofrecer disculpas a todos aquellos
a los que les hizo daño, fue el primer paso del proceso de reinvención de la
vida de Tiger Woods, tanto la privada como la deportiva. Luego fue luchar
contra sus propios fantasmas e inseguridades, someterse al juicio de los
aficionados que se sentían traicionados e intentar volver a ganar su confianza.
La siguiente etapa consistió en regresar al círculo de los campeones y
recuperar la mentalidad ganadora que lo convirtió en el pasado en un rival
prácticamente invencible. El último escaño fue reordenar su vida personal, algo
que quedó sellado cuando, hace pocas semanas, anunció su noviazgo con la famosa
esquiadora Lindsey Vonn.
Para que
Tiger Woods vuelva a ser el mismo que era en 2008, el rey de la selva del PGA
Tour, al rompecabezas solo le falta una ficha: que gane un ‘Major’, el número
15 de su cuenta personal. Es difícil saber si será esta semana en Augusta,
donde ya cantó victoria en cuatro ocasiones, porque enfrentará una presión que
no tenía sobre sus hombres desde hace un lustro. Pero no parece una apuesta
arriesgada decir que será, sí o sí, a lo largo de este 2013. El U.S. Open se
jugará en el Merion Country Club, de Ardmore (Pennsylvania), un campo en el que
Woods todavía no actuó. El British Open regresa Muirfield (Escocia), donde en
2002 triunfó Ernie Els y Woods ocupó un discreto puesto 28 que incluyó en 81 (+10)
en la tercera ronda. Por último, el PGA Championship se cumplirá en el Oak Hill
Country Club de Rochester (Nueva York), el lugar donde Micheel triunfó en 2003
con un Woods apagado que acabó de 39, una figuración que dejó un sabor más que
agrio.
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Tianglang Guan con Ben Crenshaw en una ronda de práctica. |
Su
principal contendor será, como era de esperarse, McIlroy. El campeón del PGA
Championship de 2012 y Jugador del Año del PGA Tour esa temporada demostró
estar listo otra vez para dar la batalla. Después del tropiezo que supuso el
cambio de equipamiento a comienzos del año, el pasado domingo volvió por sus
fueros al ocupar el segundo puesto en el Valero Texas Open. Esta será su quinta
participación en Augusta, donde hace dos años pudo quedarse con el título. Sin embargo,
una inesperada ronda de 80 golpes (+8) el domingo lo mandó al puesto 15 y
supuso una de las mayores frustraciones de su trayectoria profesional. Esa, en
todo caso, es su mejor figuración en el Augusta National Golf Club.
La prensa,
así mismo, le dedicará generosos espacios al chino Tianglang Guan, de solo 14 años,
5 meses y 17 días. Este jovencito obtuvo la invitación al consagrarse en el
Asia-Pacific Amateur, un torneo que el Augusta National y la Royal &
Ancient crearon en 2008 expresamente para descubrir talentos en esa región. Será
el cuarto jugador más joven de la historia del PGA Tour, superado solo por Don
Dunkelberger (11 años, 11 meses, 10 días, en el Chicago Open de 1937), Michelle
Wie (14 años, 2 meses, 29 días, en el Sony Open de 2004) y Marshall Springer
(14 años, 5 meses, 11 días, en el Chicago Open de 1937). Así mismo, quedará
como el más joven de la historia de los ‘Majors’ (antes era Andy Zhang, en el
U.S. Open del año pasado, con 14 años, 6 meses) y, claro, del Masters de
Augusta, superando al italiano Matteo Manassero (16 años en 2010). Guan, por
supuesto, no es candidato a la victoria, pero su nombre se escuchará mucho esta
semana.
No sobra
decir que el zurdo Bubba Watson defenderá el título conquistado el año pasado tras
vencer en el segundo hoyo de desempate al surafricano Louis Oosthuizen. El
último jugador que logró triunfos consecutivos en el Augusta National GC fue,
claro, Tiger Woods, cuando se puso la chaqueta verde en 2001 y 2002. Antes solo
lo habían hecho Jack Nicklaus (1965-66) y Nick Faldo (1989-90). ‘El Tigre’, se sabe, acumula 18 ‘Majors’ sin
celebrar y le apunta a la marca impuesta por Nicklaus, justamente de 18
celebraciones. Se acerca el Masters de Augusta y el mejor Tiger Woods está de
vuelta. Lo único que resta es sentarse a disfrutar del espectáculo.
Hasta la
próxima…
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