lunes, 15 de abril de 2013

Adam Scott y su lección de vida en el Masters


Sobran las palabras: Adam Scott le dio a Australia una alegría inédita.

Fue, sin duda, el mejor despertar posible. A las 7:30 de la mañana del lunes, cuando en el Augusta National Golf Club empezaban a caer las sombras del atardecer de un domingo lluvioso y nublado, los aficionados al golf y los australianos en general vivieron una de las alegrías más grandes que el deportes les haya proporcionado jamás: Adam Scott, hijo predilecto de Adelaida y pupilo preferido de Greg Norman, cumplió el sueño aplazado. En un emocionante final, desempate incluido, se puso la chaqueta verde que distingue al campeón del Masters de Augusta, el primer ‘Major’ de la temporada del PGA Tour.

Se terminó así una espera de 77 años. Atrás quedaron las frustraciones de Jim Ferrier (1950), Bruce Crampton (1972), Jack Newton (1980), Greg Norman (1986, 1987 y 1996), Jason Day (2001) y del propio Scott (2001), que habían tenido que conformarse con el segundo lugar. Se configuró, así mismo, el ‘Grand Slam’ australiano, pues esta era la única gema que le hacía falta al golf de ese país. Los jugadores de esa nacionalidad, hasta este domingo, atesoraban 9 victorias en el U.S. Open, 5 en el British Open y 4 en el PGA Championship.

Es, así mismo, el décimo australiano que consigue un ‘Grande’, uniéndose a Ian Baker-Finch (1991 British Open), Steve Elkington (1995 PGA Championship), Jim Ferrier (1947 PGA Championship), Wayne Grady (1990 PGA Championship), David Graham (1979 PGA Championship y 1981 US Open), Kel Nagle (1960 British Open), Greg Norman (1986 y 1993 British Open), Geoff Ogilvy (2006 US Open) y Peter Thomson (1954-1956, 1958 y 1965 British Open). Fue el noveno triunfo de Scott en el PGA Tour, el noveno en el European Tour y, claro, el primero en un ‘Major’.

Todo consumado: 'birdie' en el segundo hoyo de desempate.
Scott había sido segundo en el Masters de 2011, cuando en el cierre repitió un excelente 65 (-7) del sábado, pero se quedó corto ante el surafricano Charl Schwartzel, sorpresivo ganador de la ocasión. Esa vez, Scott compartió la posición con su compatriota Jason Day, a dos impactos del vencedor. El año pasado, así mismo, se quedó con las ganas de levantar la famosa ‘Claret Jug’ en el British Open, tras arrancar la última ronda como líder y acreditar un 75 (+5) que le permitió al surafricano Ernie Els quedarse con la victoria. Esa vez, se recuerda, el australiano cerró con una racha de ‘birdie’ y cuatro ‘bogeys’, para protagonizar uno más en la lista de colapsos históricos en los ‘Majors’.

Este domingo, por el contrario, vino de atrás para arrebatarle la victoria al argentino Ángel ‘el Pato’ Cabrera, que apuntaba a una segunda victoria en Augusta. Scott arrancó el día a un golpe del estadounidense Brandt Snedeker y del suramericano. Al cabo de los primeros 9 hoyos, en los que acreditó 35 golpes (-1), aparecía a 3 impactos de Cabrera, que había conseguido despojar del liderato a un errático Snedeker. Fue en el hoyo 14, en el inicio de la recta final del certamen, que Scott pudo empezar a soñar con una inédita victoria. Alcanzó la cima por primera vez en el 16, luego de que Day anotara un ‘bogey’ y propiciara un triple empate (con Cabrera) en -8.

Al siempre difícil hoyo 18, un par 4 de 475 yardas de longitud llamado ‘Holly’, que era el noveno en dificultad durante la semana con un ‘score’ promedio de 4,1818 golpes, llegó con la obligación de hacerle ‘birdie’ para aspirar a la victoria. Irónicamente, esa opción dependía del ‘putt’, justamente el palo que lo había martirizado a lo largo de la lluviosa jornada y que le había negado varias chances. Esta vez, sin embargo, Scott no falló a su cita con la historia y, con no poco suspenso, embocó un largo ‘putt’ y dejó el -9 en el tablero. Así, entonces, Cabrera quedaba sometido a emularlo para forzar un desempate. De manera increíble, el argentino realizó un tiro de aproximación perfecto, fantástico, y embocó su ‘putt’ desde menos de un metro para alargar la agonía.

Todos vimos lo que ocurrió en el desempate, con dos excelentes jugadores en procura de una victoria para inmortalizarse. El desenlace fue sencillamente espectacular, con un libreto que nadie hubiera imaginado. En el segundo hoyo del ‘playoff’, el primer turno para intentar el ‘birdie’ consagratorio fue para Cabrera, al que el destino, de manera caprichosa le negó la victoria: su ‘putt’ quedó en la boca del hoyo. Cuando parecía que iban a regresar al ‘tee’ del hoyo 18 para seguir la batalla deportiva, Scott cambió su historia y también la historia del golf australiano: embocó para adueñarse de la chaqueta verde y acabar con 77 años de tristezas acumuladas para los jugadores de su país.

'El Pato' Cabrera fue un digno rival y también mereció la victoria.
"Es algo extraordinario, y estoy muy feliz. Primero, me quiero acordar de Greg Norman, que inspiró a todo un país: una parte de todo esto es suyo. Fue el mejor jugador del mundo y un ícono en Australia. Para mí es un modelo a seguir en todos los aspectos. Él se merece también esta chaqueta porque me ha dedicado mucho tiempo, inspiración y confianza. Estoy deseando tomarme una cerveza con él para compartir este momento. Es mi inspiración y mi héroe”, dijo un emocionado Scott durante la rueda de prensa, ya con la chaqueta verde en su poder.

Más que la redención de un golfista que hace rato merecía ganar un torneo de esta índole, la victoria de Scott representa una hermosa historia de vida. Tras los sinsabores de los años anteriores, jamás se escuchó que reproche alguno saliera de la boca del australiano, cuya celebración más reciente en el PGA Tour había sido la del WGC-Bridgestone Invitational de 2011. Con la humildad y la nobleza que deben caracterizar al golfista, se tragó la frustración y continuó trabajando como si nada. Confiaba en que tarde o temprano el éxito se le iba a dar y se concentró en ello. Era, quizás, el mejor jugador del mundo sin un ‘Major’, un incómodo rótulo que alguna vez cargó sobre sus hombros el estadounidense Phil Mickelson y que enterró, curiosamente, en este mismo torneo en 2004.

La vida, y más un deporte como el golf, en el que los conceptos de justicia o de méritos no tienen cabida, está compuesta por un cúmulo de tropiezos, fracasos y decepciones sazonados con algunas alegrías, victorias y satisfacciones. El arte consiste en saber asimilar los primeros, en aprender de sus enseñanzas, y estar preparado siempre para el momento en que lleguen las segundas. Un libreto que Adam Scott aplicó a la perfección: en silencio digirió las frustraciones que el destino puso en su camino y continuó soñando con el triunfo. Este histórico domingo 14 de abril, cuando la vida y el golf lo pusieron frente a una nueva oportunidad, enterró sus propios fantasmas y escribió una página inédita en el golf mundial.

El gran mérito de Adam Scott fue haber sabido sobreponerse a los obstáculos, haber pasado la página para escribir una nueva historia. Hay cientos de relatos de jugadores normales o muy buenos jugadores que nunca pudieron superar el golpe que supuso acariciar la gloria en un ‘Majors’ y no poder saborearla. El español Sergio García es uno de esos ejemplos. Scott, por el contrario, convirtió sus debilidades en fortalezas y esperó con paciencia, listo para aprovecharla. Ese endiablado ‘putt’, que tantos dolores de cabeza le había propinado en el pasado (a punto que desde hace años debió abandonar el palo para probar con el hoy cuestionado ‘belly putter’), esta vez fue su gran aliado. Se acabó la mufa y hoy Scott está en el lugar que le corresponde: entre los ‘Grandes’. Una hermosa lección de vida.

Sobre el 'green' se acabaron las ilusiones de Tiger Woods.
A diferencia de lo que había sucedido en recientes ‘Majors’, en los que el ganador se decantó por los errores de sus rivales, en este Masters Tournament el vencedor fue, como debe ser, el mejor de todos. Adam Scott ganó por sus propios méritos, de la misma manera que hubiera ocurrido en el caso de la que la victoria le correspondiera a Cabrera. El argentino volvió a demostrar su pasta de campeón y le coqueteó a su tercer ‘Major’. Esta vez, el destino le volteó la espalda, pero su actuación fue fantástica. Perdió como un grande y, lo mejor, fue el primero en reconocer y festejar el triunfo de su rival.

Una vez más, así mismo, Tiger Woods se quedó corto. A pesar de haber regado en racha positiva, ‘el Tigre’ no pudo acercarse a la ansiada quinta chaqueta verde. Como le había ocurrido en anteriores oportunidades, el juego sobre el ‘green’ le jugó en contra. No fue el mismo Tiger del Arnold Palmer Invitational y su ansiado decimoquinto ‘Major’ se postergó una vez más. Habrá que ver si, por fin, se le da en el U.S. Open, a mediados de junio. Para aquellos que gustan del morbo, el triunfo de Scott representó una cachetada para el número uno del mundo, pues como se sabe el cadi del australiano es Steve Williams, que durante tantos años el cargó la talega al estadounidense. Eso, empero, es nada más una anécdota.

Hasta la próxima…

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