martes, 26 de marzo de 2013

Tiger Woods se reinventó: otra vez es número uno



El PGA Tour es, de nuevo, el reino de Tiger Woods.

Ciento veinticinco semanas después de que el inglés Lee Westwood lo destronara, un primero de noviembre de 2010 que aparece muy lejano en la memoria, Tiger Woods volvió al lugar que le corresponde: como número uno del mundo del golf. Y lo hizo, fiel a su estilo, con lujo de detalles: ganó por octava ocasión el Arnold Palmer Invitational, alzó el tercer trofeo de la temporada (antes, Farmers Insurance Open y WGC-Cadillac Championship) y se postuló como el gran favorito para ponerse la chaqueta verde de campeón del Masters de Augusta, que se jugará en dos semanas.

Esta fue la victoria número 77 de su brillante historial en el PGA Tour, para quedar a solo cinco de la marca histórica de Sam Snead, establecida en 1957 con acumulado de 82 éxitos. De paso, igualó al propio Snead como los únicos jugadores capaces de triunfar ocho veces en el mismo torneo. Sam lo hizo en el Greater Greensboro Open en 1938, 1946, 1949, 1950, 1955, 1956, 1960 y 1965. Cuatro veces se jugó en el Starmount Golf Club y otras cuatro, en el Sedgefield Country Club. En dos ocasiones venció en desempate: en 1949, cuando derrotó a Lloyd Mangrum, y en 1956, cuando superó a Fred Wrampler. A lo largo de esas 32 rondas, Snead acumuló 2.181 golpes (promedio de 68,16) y atesoró 24.900 dólares en ganancias. En total, sumó 85 golpes bajo par en esas victorias.

Woods, por su parte, empezó a escribir su historia en el Arnold Palmer Invitational en 2000 y la continuó en 2001, 2002, 2003, 2008, 2009 y 2012 hasta llegar a este 2013. Nunca necesitó desempates para asegurar el triunfo, aunque en tres ocasiones venció por apenas un impacto: 2001 (sobre Phil Mickelson), 2008 (sobre Bart Bryant) y 2009 (sobre Sean O’Hair). El margen más amplio se dio en 2004, cuando aventajó por 11 impactos a Stewart Cink, Brad Faxon, Kenny Perry y Kirk Triplett. En esas 32 rondas acreditó 68,19 golpes de promedio y contabilizó 8.136.000 dólares en premios. Si bien en lo deportivo es posible encontrar algunas coincidencias o al menos similitudes, en lo económico el abismo entre una época y otra es enorme.

Por octava vez, Tiger celebró con Arnold Palmer.
Tras el escándalo por infidelidades que se destapó el 27 de noviembre de 2009, y que le costó el matrimonio con la modelo sueca Elin Nordegren, Woods entró en un espiral que nos demostró que, pese a todo, es tan humano como cualquiera de los jugadores del PGA Tour. Empezó a fallar los cortes, dejó de ganar ‘Majors’ y su trono, que se había mostrado sólido e inexpugnable durante 281 semanas, se derrumbó. Tras el Másters de Andalucía, torneo válido por el Tour Europeo, en la última semana de octubre de 2010, ‘el Tigre’ cayó de la cima. En ese momento lo reemplazó el inglés Lee Westwood, luego de que el alemán Martin Kaymer, el otro aspirante, fallara en su intento.

Desde entonces, solo cuatro jugadores ostentaron la condición de número uno del mundo: Westwood, durante 22 semanas; su compatriota Luke Donald, en 56; Kaymer, en 9 y el norirdlandés Rory McIlroy, en 39. Este último había ascendido a lo más alto del ranquin mundial a finales de agosto pasado, tras vencer en el PGA Championship. Sin embargo, su irregular comienzo de temporada en 2013, provocado por el cambio de implementación (dejó de jugar con Titleist y se pasó a Nike), más el empuje ganador de Woods volvieron a establecer el orden al que ya estábamos acostumbrados. Luego del triunfo en Bay Hill, Woods acredita 11,8729 puntos, contra los 11,2875 de McIlroy.

En 2010, sin poder contener las secuelas del escándalo que él mismo generó, Woods solo jugó 12 torneos con un pobre balance: apenas dos Top-10; fue cuarto en el Masters de Augusta y en el U.S. Open. En 2011, sus actuaciones en los campos fueron aún más desteñidas: fueron nueve salidas y, otra vez, dos Top-10. Cuarto en Augusta, no superó el corte en el PGA Championship. La redención comenzó el año pasado, en el que participó en 19 certámenes y sumó tres triunfos: Arnold Palmer Invitational, the Memorial Tournament y AT&T National. El tercer lugar en el British Open fue su mejor figuración ‘Major’ y terminó la temporada como protagonista de los ‘playoffs’ de la FedEx Cup en los que McIlroy se consagró como el mejor del PGA Tour.

Este año, en cinco presentaciones acredita tres éxitos, además de haber llegado a segunda ronda en el WGC-Accenture Match Play Championship y terminar de 37 en el Honda Classic. Ya es primero de la tabla por puntos de la FedEx Cup, recuperó el número uno del ranquin mundial y solo tiene una tarea pendiente en los campos de juego: volver a ganar un ‘Major’. El último, se sabe, fue el U.S. Open de 2008, cuando superó en desempate a 18 hoyos disputado el día lunes a su compatriota Rocco Mediate, a pesar de tener una rodilla lesionada, por la que debió ser intervenido quirúrgicamente. Con el Masters de Augusta a la vuelta de la esquina, con McIlroy en una etapa de transición, Woods volverá a llegar al Augusta National Golf Club como máximo favorito para vestir la chaqueta verde por quinta ocasión.

El público, otra vez, se rindió a la magia de Tiger Woods.
Una vez más, como ya lo hizo en repetidas ocasiones con su ‘swing’, Tiger Woods se reinventó. Estaba en lo más alto y cayó a lo más bajo, a la miseria humana, sometido a la humillación y a las burlas, pero demostró que está hecho de un material distinto al del resto de los mortales. Se alejó de los campos, sacrificó su vida en el golf, escapó de los paparazi y les cedió el protagonismo a otros. Purgó sus culpas, sanó las heridas y se preparó para encarar una nueva etapa en su vida, ya sin su esposa Elin y separado de sus hijos Charlie Axel y Sam Alexis. Y regresó, casi en silencio, sin las estridencias de aquel 1996 cuando ingresó al PGA Tour por la puerta grande, listo para continuar con la tarea que le encomendó su padre Earl.

La semana anterior, luego de un nuevo triunfo en el Doral, otro campo de su predilección, dio un nuevo paso, uno muy importante: anunció que, después de varios meses de salir como amigos, inició una relación formal con la esquiadora Lindsey Vonn. Era una pieza vital del rompecabezas, necesaria para demostrar que su mente ganadora era la misma de antes, que las tormentas que soportó en el pasado ya se calmaron y que, de nuevo, estaba preparado para regresar a la cima, a su número uno, al lugar donde siempre lo queremos ver. Con McIlroy dedicado a familiarizarse con sus nuevos palos Nike, Woods no perdió el tiempo. Muy a su estilo, a punta de victorias, se encaramó, como antes: el PGA Tour es, una vez más, el reino del Tigre.

Ahora solo resta un peldaño: coleccionar su decimoquinto ‘Major’. Con Augusta en la mira, la presión será, sin duda, la más exigente prueba. Quizás no se ponga la chaqueta verde, pero hoy no son muchos los que apostarían porque, como ya ocurrió en 2009, 2010, 2011 y 2012, Woods termine la temporada sin un ‘Grande’ en sus alforjas. Lo cierto es que hoy, tras tres años bastante monótonos, el PGA Tour recobró ese dulce sabor de las grandes emociones, las que solo nos puede ofrecer un Tiger Woods pletórico. Como hace un lustro, ahora cada fin de semana de golf con ‘el Tigre’ en el campo de juego, es una cita obligada al frente del televisor. Volvió el gran Tiger, ¡qué alegría!

Villegas logró su mejor figuración en año y medio.
El Arnold Palmer Invitational, así mismo, nos mostró al mejor Camilo Villegas de los dos últimos años. Y eso no es poco. Aunque pasó el corte con algo de susto, el antioqueño tuvo un feliz fin de semana y terminó igualado en el puesto 16, su más destacada figuración desde que fue sexto en el BMW Championship, en los ‘playoffs’ de 2011, es decir, hace año y medio. En una proceso similar al de Tiger Woods, CV se reinventa y, poco a poco, vuelve a ser el mismo de antes. Atrás va quedando esa incomprensible irregularidad que tantos dolores de cabeza le provocó en el pasado. Con esta actuación, ascendió al puesto 263 del ranquin mundial (mejoró 28 casillas), su progresión más positiva desde la victoria en el Honda Classic de 2010. Es largo el camino que queda por recorrer para recuperar los privilegios completos, pero las sensaciones son favorables.

Hasta la próxima…

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