lunes, 25 de febrero de 2013

Cuatro años más de la cuadrilla del ‘tapen, tapen’


Al borde del  hoyo, por cuenta de las actuaciones de su cúpula, está el golf colombiano.

En medio del silencio, como si hubiera algo por ocultar, sin siquiera informar a la comunidad golfística a través de su ‘cáscara’ web, la Federación Colombiana de Golf celebra esta semana su asamblea anual, que en este caso es electiva. Se elegirá a la cuadrilla que, por los próximos cuatro años, regirá los destinos de una inmensa minoría e irá en contra de los intereses de la inmensa mayoría. Serán, como los que se acaban de cumplir, cuatro años más del ‘tapen, tapen’, de fortalecimiento de la pirámide FHD y de retroceso para el golf colombiano.

Cuando alguien que no pertenece a una familia golfística se acerca a este deporte, o cuando un niño se anima a tomar en sus manos los palos de golf, lo primero que les dicen es que el golf es un deporte de caballeros. Que los golfistas, sin excepción, son gente tan honesta, que en esta disciplina deportiva no hay árbitro, como en las demás. Que para jugar al golf hay que ser honesto, respetuoso y humilde. Que el ambiente del golf es de camaradería, de amistad. Que los valores humanos que hacen del ser humano alguien de bien se aprenden a través de la práctica de este deporte.

No se demora mucho uno en darse cuenta de que eso es mera letra muerta. Al menos, en lo que se refiere a la junta directiva de la Fedegolf, cuyos integrantes, de manera premeditada y consciente, actúan en contra de esos preceptos. La verdad, a nadie de extrañarle que sea así, pues se trata de personas movidas exclusivamente por intereses personales y que, para rematar, de ninguna manera representan a los golfistas del país. Y cómo podrían hacerlo si al fin y al cabo son fruto de las sucias componendas con no más de 40 personajes que no se dan cuenta (o se hacen los que no saben) del daño que le hacen al deporte.

A finales del año pasado, había unos 14.700 jugadores afiliados a la Fedegolf, de los cuales el pico corresponde a los llamados independientes, un conglomerado que cada día adquiere más fuerza. Mientras, hay 48 clubes afiliados. Lo insólito es que a la cuadrilla del ‘tapen, tapen, la escoge, sobre el papel, una representación de estos últimos: es decir, en el mejor de los caso, 48 personajes toman la decisión por los 14.652 restantes. En otras palabras, el 0,32 por ciento decide por el ciento por ciento. Eso no solo indica lo absurdo del sistema, sino que también demuestra que, como se dijo, la junta directiva de manera alguna representa al colectivo que somete.

Oscuro panorama le espera al golf colombiano estos cuatro años.
La verdad, es que la asamblea de elección es otra de las tantas farsas a los que nos tiene acostumbrados la Fedegolf. Una pantomima, pues ya todo está cocinado, decidido con antelación. Empleando la misma estrategia del ‘carrusel’ (que les enseñó el clan Nule, tan afecto a varios de los miembros de la antigua y la actual administraciones), los presidentes de los clubes, o sus representantes, llegan al recinto solo para cumplir con el trámite, junto con los elegidos. Antes de entrar, eso sí, unos y otros reclaman la consabida dotación de rodilleras, que harto van a emplear en los próximos cuatro años, y también el manual de ‘lavaperros’ que contiene las instrucciones que deben seguir, al pie de la letra, so pena de ser tachados de desleales, de traidores, de ingratos, y correr el riesgo de perder las dádivas que les fueron prometidas a cambio de su voto.

Como perritos falderos bien entrenados, uno tras otro recitan el libreto que previamente se les ha indicado y, al final, para justificar su presencia, exigen una moción de felicitación. No saben a quién escogen, pero eso no les preocupa; aquellos tampoco tienen idea de quienes fueron los que los eligieron. El resultado es que salen unos pocos, obligados por la ley (porque de lo contrario continuarían atornillados a sus puestos), y entran otros. Es como cuando las Fuerzas Armadas anuncian que dieron de baja al cabecilla de una de las cuadrillas de las FARC, o la cabeza de una bacrim: más de demora el gobierno en dar la noticia que los grupos al margen de la ley en reemplazar al compañero caído. Ellos también tienen la línea de sucesión previamente definida.

Los nombres nada importan, porque todo el mundo sabe que se trata apenas de títeres de una tragicomedia que se repite desde hace más de una década. Hace cuatro años, había algo de expectativa por conocer la conformación de la junta directiva de la Fedegolf porque, después de 12 años, se daba un relevo en la presidencia. En esta ocasión, ni siquiera eso ocurre. Lo increíble es que el 99 por ciento de los golfistas colombianos no sabe cómo se llama el presidente; de hecho, cuando se les pregunta recitan el nombre de su antecesor.

Eso se debe a dos razones: por un lado, todos sabe que no pasa de ser una figura decorativa, porque el verdadero poder está tras bambalinas. Además, porque durante estos cuatro años su gestión se caracterizó solo por prestar su firma para que apareciera en todas las reglamentaciones publicadas (muchas de ellas llenas de absurdas contradicciones, de vacíos y, casi todas, de compromisos no cumplidos) y, por otro lado, por sus ínfulas de casanova otoñal (lo que algunos prefieren llamar ‘viejo verde’). Sus apariciones y declaraciones en los medios hicieron recordar al inmortal Cantinflas, aunque jamás consiguieron arrancar una sonrisa.

Por lo demás, nadie le cree, como tampoco a sus compinches. Es que, como se dijo al principio, sus actuaciones van en contra de los preceptos que, sobre el papel, caracterizan al golfista. En vez de humildes, son pedantes, soberbios, incapaces de aceptar una crítica, de escuchar una sugerencia; se creen dios, dueños de todo lo que los rodea y de todos los que los rodean. En vez de honestos o respetuosos de las normas, son tramposos, como ha quedado demostrado todos estos años a través de reglamentaciones perversas, destinadas a explotar a los golfistas y, específicamente en el caso del gremio de los profesionales, a prometer beneficios que después no se cumplen.

La doble moral de la dirigencia hace que el futuro del golf sea borroso.
Salvo que haya algún interés específico de por medio, especialmente económico, no son amigos de nadie. De hecho, no dudan en levantar su dedo acusador, como si fueran jueces supremos, para señalar como enemigos, como traidores, como desleales, a todos aquellos que hacen uso del derecho a la libre opinión, a la crítica, a disentir. De caballeros tienen muy poco, salvo en aquellas ocasiones en las que las circunstancias los obliguen a emplear la cordial hipocresía característica de los politiqueros, de los que le venden el alma al diablo por un puesto, de los de cuello blanco y corbata de seda que piensan una cosa, dicen otra y actúan distinto.

El final de una etapa y el comienzo de otra por lo general significa nuevos horizontes, expectativas diferentes, otras oportunidades. En el caso de la Fedegolf, sin embargo, el trámite de la asamblea electiva es solo eso, además de la confirmación de que ese virus de inmundicia adquirida que rige los destinos del golf desde hace más de una década, se perpetuará por otros 12 años. Es decir, prepárense para continuar soportando la soberbia, la codicia, la patanería y la falta de educación de la cuadrilla de los 14, la del ‘tapen, tapen’. Pierde el golf, triunfa la pirámide FHD.

Hasta la próxima…

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