![]() |
Al borde del hoyo, por cuenta de las actuaciones de su cúpula, está el golf colombiano. |
En medio
del silencio, como si hubiera algo por ocultar, sin siquiera informar a la
comunidad golfística a través de su ‘cáscara’ web, la Federación Colombiana de Golf
celebra esta semana su asamblea anual, que en este caso es electiva. Se elegirá
a la cuadrilla que, por los próximos cuatro años, regirá los destinos de una
inmensa minoría e irá en contra de los intereses de la inmensa mayoría. Serán,
como los que se acaban de cumplir, cuatro años más del ‘tapen, tapen’, de
fortalecimiento de la pirámide FHD y de retroceso para el golf colombiano.
Cuando
alguien que no pertenece a una familia golfística se acerca a este deporte, o
cuando un niño se anima a tomar en sus manos los palos de golf, lo primero que
les dicen es que el golf es un deporte de caballeros. Que los golfistas, sin
excepción, son gente tan honesta, que en esta disciplina deportiva no hay
árbitro, como en las demás. Que para jugar al golf hay que ser honesto, respetuoso y
humilde. Que el ambiente del golf es de camaradería, de amistad. Que los
valores humanos que hacen del ser humano alguien de bien se aprenden a través
de la práctica de este deporte.
No se
demora mucho uno en darse cuenta de que eso es mera letra muerta. Al menos, en
lo que se refiere a la junta directiva de la Fedegolf, cuyos integrantes, de
manera premeditada y consciente, actúan en contra de esos preceptos. La verdad,
a nadie de extrañarle que sea así, pues se trata de personas movidas
exclusivamente por intereses personales y que, para rematar, de ninguna manera
representan a los golfistas del país. Y cómo podrían hacerlo si al fin y al
cabo son fruto de las sucias componendas con no más de 40 personajes que no se dan
cuenta (o se hacen los que no saben) del daño que le hacen al deporte.
A finales
del año pasado, había unos 14.700 jugadores afiliados a la Fedegolf, de los
cuales el pico corresponde a los llamados independientes, un conglomerado que
cada día adquiere más fuerza. Mientras, hay 48 clubes afiliados. Lo insólito es
que a la cuadrilla del ‘tapen, tapen, la escoge, sobre el papel, una
representación de estos últimos: es decir, en el mejor de los caso, 48
personajes toman la decisión por los 14.652 restantes. En otras palabras, el
0,32 por ciento decide por el ciento por ciento. Eso no solo indica lo absurdo
del sistema, sino que también demuestra que, como se dijo, la junta directiva
de manera alguna representa al colectivo que somete.
![]() |
Oscuro panorama le espera al golf colombiano estos cuatro años. |
La verdad,
es que la asamblea de elección es otra de las tantas farsas a los que nos tiene
acostumbrados la Fedegolf. Una pantomima, pues ya todo está cocinado, decidido
con antelación. Empleando la misma estrategia del ‘carrusel’ (que les enseñó el
clan Nule, tan afecto a varios de los miembros de la antigua y la actual
administraciones), los presidentes de los clubes, o sus representantes, llegan
al recinto solo para cumplir con el trámite, junto con los elegidos. Antes de entrar,
eso sí, unos y otros reclaman la consabida dotación de rodilleras, que harto
van a emplear en los próximos cuatro años, y también el manual de ‘lavaperros’
que contiene las instrucciones que deben seguir, al pie de la letra, so pena de
ser tachados de desleales, de traidores, de ingratos, y correr el riesgo de perder
las dádivas que les fueron prometidas a cambio de su voto.
Como
perritos falderos bien entrenados, uno tras otro recitan el libreto que
previamente se les ha indicado y, al final, para justificar su presencia,
exigen una moción de felicitación. No saben a quién escogen, pero eso no les
preocupa; aquellos tampoco tienen idea de quienes fueron los que los eligieron.
El resultado es que salen unos pocos, obligados por la ley (porque de lo
contrario continuarían atornillados a sus puestos), y entran otros. Es como
cuando las Fuerzas Armadas anuncian que dieron de baja al cabecilla de una de
las cuadrillas de las FARC, o la cabeza de una bacrim: más de demora el
gobierno en dar la noticia que los grupos al margen de la ley en reemplazar al
compañero caído. Ellos también tienen la línea de sucesión previamente
definida.
Los nombres
nada importan, porque todo el mundo sabe que se trata apenas de títeres de una
tragicomedia que se repite desde hace más de una década. Hace cuatro años,
había algo de expectativa por conocer la conformación de la junta directiva de la
Fedegolf porque, después de 12 años, se daba un relevo en la presidencia. En esta
ocasión, ni siquiera eso ocurre. Lo increíble es que el 99 por ciento de los
golfistas colombianos no sabe cómo se llama el presidente; de hecho, cuando se
les pregunta recitan el nombre de su antecesor.
Eso se debe
a dos razones: por un lado, todos sabe que no pasa de ser una figura
decorativa, porque el verdadero poder está tras bambalinas. Además, porque
durante estos cuatro años su gestión se caracterizó solo por prestar su firma
para que apareciera en todas las reglamentaciones publicadas (muchas de ellas
llenas de absurdas contradicciones, de vacíos y, casi todas, de compromisos no
cumplidos) y, por otro lado, por sus ínfulas de casanova otoñal (lo que algunos
prefieren llamar ‘viejo verde’). Sus apariciones y declaraciones en los medios
hicieron recordar al inmortal Cantinflas, aunque jamás consiguieron arrancar
una sonrisa.
Por lo demás,
nadie le cree, como tampoco a sus compinches. Es que, como se dijo al
principio, sus actuaciones van en contra de los preceptos que, sobre el papel,
caracterizan al golfista. En vez de humildes, son pedantes, soberbios,
incapaces de aceptar una crítica, de escuchar una sugerencia; se creen dios,
dueños de todo lo que los rodea y de todos los que los rodean. En vez de
honestos o respetuosos de las normas, son tramposos, como ha quedado demostrado todos estos años a través
de reglamentaciones perversas, destinadas a explotar a los golfistas y,
específicamente en el caso del gremio de los profesionales, a prometer
beneficios que después no se cumplen.
![]() |
La doble moral de la dirigencia hace que el futuro del golf sea borroso. |
Salvo que
haya algún interés específico de por medio, especialmente económico, no son
amigos de nadie. De hecho, no dudan en levantar su dedo acusador, como si
fueran jueces supremos, para señalar como enemigos, como traidores, como
desleales, a todos aquellos que hacen uso del derecho a la libre opinión, a la
crítica, a disentir. De caballeros tienen muy poco, salvo en aquellas ocasiones
en las que las circunstancias los obliguen a emplear la cordial hipocresía
característica de los politiqueros, de los que le venden el alma al diablo por
un puesto, de los de cuello blanco y corbata de seda que piensan una cosa,
dicen otra y actúan distinto.
El final de
una etapa y el comienzo de otra por lo general significa nuevos horizontes,
expectativas diferentes, otras oportunidades. En el caso de la Fedegolf, sin
embargo, el trámite de la asamblea electiva es solo eso, además de la
confirmación de que ese virus de inmundicia adquirida que rige los destinos del
golf desde hace más de una década, se perpetuará por otros 12 años. Es decir,
prepárense para continuar soportando la soberbia, la codicia, la patanería y la
falta de educación de la cuadrilla de los 14, la del ‘tapen, tapen’. Pierde el
golf, triunfa la pirámide FHD.
Hasta la
próxima…
No hay comentarios:
Publicar un comentario