lunes, 18 de febrero de 2013

Ahora, el golf profesional se juega en ‘carrusel’



Eduardo Herrera (segundo) y Jesús Amaya (primero), protagonistas del Abierto del Carmel de 2008.

La más clara muestra de la estupidez de un ser humano es estar convencido de que es más ‘vivo’ que los demás, que puede embaucar al resto de terrícolas, que nadie se da cuenta de sus errores. Un perfil que encaja, como si el molde hubiera hecho a la medida, en la nefasta cúpula de la Federación Colombiana de Golf, que recientemente nos ofreció otra contundente muestra de su ineptitud, pero también de su soberbia al creer que los golfistas también son imbéciles, como ellos.

Esa corporación lleva una década dedicada a exterminar el golf profesional en el país, al menos aquel surgido de manera silvestre, de nuestros potreros y representado por jóvenes de bajos recursos que encontraron en el oficio de cadi la forma de darles algún sustento a sus ilusiones de progreso y a sus familias. Con una estrategia premeditada, cobarde, hipócrita, desde la anterior administración se trazó un plan que, hay que reconocerlo, fue efectivo.

Cuando se suponía que el golf colombiano vivía una época de oro y se marcaban hitos insospechados (como los 150 millones de pesos en la bolsa de un abierto, en el Country Club de Barranquilla en 2005) o sobrepasar la barrera de los mil millones de pesos en premios (esa misma temporada), en el último lustro se revirtió la tendencia y todo el castillito de naipes se derrumbó. Bajaron las bolsas, empezaron a cancelarse los torneos y, por obra y gracia de la política diseñada por las mentes enfermas de los inquilinos de la calle 72, el que parecía ser un momento histórico se echó a perder.

Con este afiche promocionan el mal llamado Tour.
Fueron épocas en las que se dieron grotescos rifirrafes entre directivos y jugadores, con acusaciones que estaban al borde del delito penal. La premisa de la Fedegolf siempre fue clara: acabar con el gremio de los jugadores profesionales que hubieran sido cadis. Al haber surgido de hogares humildes, la gran mayoría de ellos no tuvo la suerte de completar una educación formal y solo pudieron acceder a la ‘universidad de la vida’. Y, producto de esas carencias básicas, no fueron pocos los errores que cometieron, especialmente en un ámbito hipócrita como el de la alta sociedad, en el que lo único que vale es el cuánto tienes, el qué apellido llevas.

La estrategia se valió de dos herramientas: por un lado, cortarles las alas a todos aquellos que durante las décadas anteriores nos deleitaron con su talento en los campos de juego de todo el país, a través de la cancelación de los abiertos o el incumplimiento de los derechos adquiridos y, por otro, la creación, a pupitrazo limpio, a punta de reglamentaciones absurdas, de una nueva generación de jugadores profesionales, pero bajo la condición que fueran hijos de socios de los clubes afiliados a la entidad. Desde hace un lustro, entonces, el decorado del golf profesional en el país cambió radicalmente, y nunca para bien.

La siguiente fase del plan fue el vergonzoso fraude del año pasado, que nos dejó claro que los directivos de la Fedegolf no tienen escrúpulos ni tampoco asco para sacar adelante sus sucias jugarretas. Tal y como lo denunció GOLF EN CONTRAVÍA, los jugadores profesionales, producto de su resignación, pagaron elevados costos por un carné que, se suponía, les garantizaba unos derechos que, quedó demostrado, no se cumplieron. Es que, por si no se habían dado cuenta, la Fedegolf desde hace años funciona como una de las famosas pirámides a través de las cuales timaron a tantos colombianos; esta es la pirámide FHD.

A esto le agregaron su acostumbrada dosis de irrespeto, de maltrato verbal, de humillación. Soterradamente, de manera simultánea, se encargaron de graduar a todo aquel jovencito socio de club que se animara a ser jugador profesional, así fuera por un rato nada más. Modificaron las reglamentaciones una y mil veces para tapar cualquier gotera que se les hubiera escapado y a los cadis les quedara prácticamente imposible cumplir sus sueños y, mientras, regalaron carnés a los que llegaban a sus oficinas vestidos con prendas de marca y acento ‘spanglish’.

Hoy, cuando creen haber terminado su obra maestra, nos salen con otra de sus acostumbradas fechorías. Anuncian algo que han llamado el Tour Profesional Colombiano, que en realidad no es más que otra de sus desvergonzadas mentiras. Para empezar, de Tour nada tiene, más allá de son diez torneos agrupados en una programación absurda, con enormes vacíos. Un Tour serio, organizado, más que un calendario ofrece unos beneficios; este, nada de nada.

La FedEx Cup del PGA Tour, por ejemplo, consagra un campeón y entrega unos bonos muy atractivos. El Web.com Tour entrega carnés para el PGA Tour, su nivel superior. El PGA Tour Latinoamérica, refrito del extinto Tour de las Américas, abre las puertas del circuito alterno, en fin. Es algo que está inventado. En Colombia, a estos ineptos de la Fedegolf, en cambio, les quedó grande establecer algún beneficio. Aunque, a la postre, mejor que ni los ofrezcan, porque ya sabemos que nunca cumplen.

El gran atractivo, y la consabida trampa con el sello característico de la pirámide FHD, está en las bolsas de los torneos. Que se reparten 90 millones de pesos por parada, para un acumulado de 900 millones en la temporada. Según dicen, esa suma es aportada, en partes iguales, por la Fedegolf, el club organizador, y la PGA Colombia, ese dañino cáncer que una vez más hizo metástasis. La verdad, sin embargo, es distinta: clubes y PGA Colombia entregan su cuota y la restante proviene de los bolsillos de los jugadores profesionales. En otras palabras, como el famosísimo Mini Tour de Cadis en el que ni siquiera pudieron consagrar un campeón, los demás trabajan para que la codiciosa Fedegolf siga enriqueciendo sus arcas.

Otra cortina para tapar su verdadera intención ideó la Fedegolf.
De acuerdo con la reglamentación publicada, a los jugadores se les descuenta el 15 por ciento de la bolsa con destino al Tour Profesional Colombiano, que no es otro que la pirámide FHD. Eso significa que 13,5 millones de pesos se esfuman de oficio (divididos, por partes iguales, entre Fedegolf y PGA). Además, según lo estipulado en otra de sus famosas reglamentaciones, la Fedegolf le cobra al club organizador el 10 por ciento de la bolsa, es decir, 9 millones más. O sea, de los 30 millones que le corresponde aportar a esa entidad, 22,5 millones se los cobra por derecha a sus ‘socios’ (una suerte de Interbolsa). 

Adicionalmente, la totalidad del valor de las inscripciones de los profesionales es para la Fedegolf (¿por qué eso no se divide en partes iguales?). Se han establecido mínimo 80 cupos para jugadores profesionales, a los que se cobra una inscripción de 350 mil pesos, para un recaudo de 28 millones de pesos. Al final de cada parada, entonces, en vez de haber aportado algo para el crecimiento del golf profesional en el país, como dicen, lo que ocurre es que jugadores y clubes les regalan a esos ineptos un mínimo de 13,75 millones de pesos libres. ¡Negocio redondo!

El otorgamiento de las sedes de las paradas, así mismo, nos hizo recordar el esquema diseñado por alguien muy allegado a la cúpula de la Fedegolf desde la administración anterior: el clan Nule, hoy preso por cuenta de sus delitos en el conocido ‘carrusel de la contratación’ especialmente en Bogotá. La Fedegolf, con maestría, reprodujo el esquema del ‘carrusel’, es decir, la repartición del ponqué entre todos aquellos que cohonestan sus fechorías: ocho de los diez clubes escogidos están actualmente representados en la junta directiva. Las excepciones son el Carmel Club, que ya tenía listo su abierto y lo iba a realizar de manera independiente con una bolsa de 60 millones de pesos, y El Rancho, que entró a última hora luego de que un exmiembro de esa nefasta corporación se quejó porque no lo tenían en cuenta.

La más clara muestra de la estupidez de un ser humano es estar convencido de que es más ‘vivo’ que los demás, que puede embaucar al resto de terrícolas, que nadie se da cuenta de sus errores. Los directivos de la Fedegolf creen que nadie se da cuenta de sus sucias artimañas, pero resulta que no todos deshonestos ni tampoco nos vendemos por un bulto de abono. La gran novedad de la más reciente creación de la Fedegolf es que ahora el golf profesional se juega en ‘carrusel’, para que las fechorías queden impunes.

Hasta la próxima…

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