domingo, 18 de noviembre de 2012

Stacy Lewis hace historia en el LPGA Tour


Stacy Lewis con el trofeo que la acredita como Jugadora del Año en el LPGA Tour.

Por primera vez en casi dos décadas, el LPGA Tour volvió a ser estadounidense. No se trata de un eufemismo, sino de una de las noticias más destacadas del año golfístico, que como es habitual en el caso del apartado femenino pasó de agache, casi sin que los medios de comunicación le dieran el despliegue que se merece. Con cuatro victorias en la temporada que finalizó este fin de semana, Stacy Lewis recuperó para su país el trono que, por última vez, ostentó Beth Daniel en el ya lejano 1994.

Desde entonces, la sueca Annika Sorenstam (ocho veces), la inglesa Laura Davies (una), la australiana Karrie Webb (dos), la mexicana Lorena Ochoa (cuatro) y la taiwanesa Yani Tseng (dos) se habían encargado de establecer la hegemonía foránea en el circuito femenino estadounidense. Desde entonces, así mismo, si bien siempre hubo buenas jugadoras estadounidenses, que ganaron torneos y figuraron en los ‘Majors’, las dueñas de casa siempre estuvieron uno o varios pasitos atrás de las golfistas extranjeras, que se adueñaron de los máximos honores.

En la época de Daniel, el LPGA Tour sí era un circuito estadounidense. De hecho, eran muy pocas las jugadoras extranjeras que participaban en la gira, restringidas prácticamente a las que se habían aventurado a cruzar el océano para estudiar en las aulas de alguna universidad del país del Tío Sam y luego habían dado el salto al profesionalismo. Hoy, sin embargo, el panorama es bien distinto: el LPGA Tour es un circuito de carácter internacional en el que las asiáticas, principalmente, y las europeas hacen la fiesta.

En aquel mencionado 1994, por ejemplo, se disputaron 39 torneos a lo largo de la temporada, incluyendo algunos no oficiales. De los que sí contaron para la lista de ganancias, solo tres se disputaron por fuera de Estados Unidos y solo dos por fuera de Norteamérica: fueron el du Maurier Classic, uno de los ‘Majors’, en Canadá; y el Weetabix Women’s British Open, en Inglaterra, que ahora sí es parte del Grand Slam, pero que en esa época era una cita más, y la Toray Japan Queens Cup, en Japón. Este año, en cambio, de las 28 citas realizadas 13 se cumplieron alrededor del mundo con Australia, Tailandia, Singapur, Brasil, Canadá, Francia, Inglaterra, Malasia, Corea del Sur, Taiwán, Japón y México como los destinos elegidos más allá de las fronteras gringas.

Lewis con Mike Whan, comisionado del LPGA Tour.
Por ese entonces, era difícil hablar de ‘la mejor jugadora del mundo’ por fuera de los límites del LPGA Tour. Si bien había actividad de golf profesional femenino en otras latitudes, y había grandes talentos, toda la atención de los medios de comunicación y de los patrocinadores se concentraba en Estados Unidos. Hoy, en cambio, el propio LPGA Tour, sumido en una crisis económica desde hace un lustro, debió recurrir a torneos en países lejanos para darle un respiro a la comprimida economía norteamericana. Eso redundó en que el carácter del circuito cambió: de típicamente estadounidense se convirtió en una verdadera gira internacional, al estilo del Tour Europeo masculino.

Tras la consagración de Daniel, que todavía continúa en actividad, arrancó el reinado de Sorenstam. La sueca, que salió de las aulas de la Universidad de Arizona (la misma de nuestra Marisa Baena) marcó toda una época, durante la cual ganó 89 torneos, 72 de ellos en el LPGA Tour, y 10 ‘Majors’. Atesoró más de 22 millones de dólares en premios antes de retirarse, con una marca de ocho trofeos como Jugadora del Año: 1995, 1997, 1998, 2001, 2002, 2003, 2004 y 2005. Las únicas que pudieron interrumpir su reinado fueron la inglesa Laura Davies, que recibió el galardón en 1996, y la australiana Karrie Webb, precisamente a la que destronó como número uno del mundo, la escogida en 1999 y 2000. Cuando Annika se retiró en 2008, para conformar una familia, ya le había cedido el trono a la mexicana Lorena Ochoa.

Otra exintegrante del equipo de Arizona, en el que compartió con Cristina Baena, la azteca le dio un toque muy especial a su reinado. Como buena latina, tenía mayor calidez y contacto con el público en comparación con las frías escandinava, inglesa y australiana. La tapatía fue la mejor del ámbito durante cuatro años consecutivos, entre 2006 y 2009, antes de anunciar su retiro a finales de abril de 2010, también con la intención de contraer matrimonio y conformar una familia. Desde el 3 de mayo de ese año dejó de ser una jugadora profesional activa y le pasó el testigo a la taiwanesa Yani Tseng, justamente la que ostentaba la corona que ahora está en poder de Stacy Lewis.

Durante estos más de 15 años, la afición estadounidense vio cómo las figuras extranjeras hacían de las suyas en su territorio. Juli Inkster, Meg Mallon, Rosie Jones, Dottie Pepper, Pat Hurst, entre las veteranas, y Cristie Kerr, Paula Creamer, Brittany Lincocome, Morgan Pressel, Angela Stanford y Michelle Wie, entre las nuevas generaciones, lucharon de manera estéril por recuperar la corona de la que se adueñaron las foráneas. Especialmente en los casos de Creamer, Pressel y Wie, que irrumpieron con fuerza siendo apenas adolescentes y sin haber pasado por las aulas universitarias, la prensa especializada estadounidense las vendió como las futuras figuras locales.

Lewis y la surcoreana So Yeon Ryu, la Novata del Año.
El paso de los días y de los torneos, sin embargo, demostró una realidad diferente. En medio de lesiones, problemas extradeportivos y los vaivenes naturales de un deporte de alta competencia tan exigente como el golf, estas jovencitas fueron perdiendo el impulso y pasaron a engrosar el lote promedio del circuito. De hecho, hace rato no se les ve por el círculo de las ganadoras y hasta resultaron impotentes para mantenerse en lo más alto: ahora las preferidas de la prensa y de los aficionados son jovencitas como Alexis Thompson, Jessica Korda y, claro, Lewis. En ellas, Estados Unidos ve la posibilidad de regresar a los primeros planos, pero no de manera transitoria, sino como en el pasado, con un liderazgo duradero.

Cuando Daniel fue escogida como Jugadora del Año, Lewis contaba apenas 9 años y llevaba año y medio luchando contra la escoliosis que la obligaba a usar un soporte para la espalda y, más tarde, someterse a una cirugía menor para corregir la desviación de la columna vertebral. Desde entonces, se inició un proceso de recuperación lento y tortuoso, al punto que en algún momento de su vida se pensó que no podía seguir practicando el golf. Esas dificultades, además, hicieron que dedicara parte de su tiempo libre y de sus esfuerzos a ayudar a las víctimas de esa enfermedad y a participar en diversos eventos de caridad. Hace poco, por ejemplo, donó 20 mil dólares para socorrer a las víctimas del huracán Sandy, en Nueva Jersey.

No es una jugadora espectacular, pero esa es precisamente su mayor cualidad. Es la jugadora de más victorias en el año (cuatro), líder en ‘greenes’ en regulación, ‘birdies’ (352), águilas (11) y rondas por debajo de 70 golpes (33); segunda en cantidad de Top-10 (15 en 25 torneos) y tercera en ‘score’ promedio, una consistencia que, justamente, le permitió encabezar la tabla por puntos que determina a la Jugadora del Año. No posee la belleza de Creamer o Pressel, tampoco el carisma de Wie, ni goza de la exposición mediática de Thompson. Sin embargo, de manera callada, trabajando duro y superando dificultades (una constante de su vida), Stacy Lewis le devolvió al LPGA Tour su carácter de estadounidense. Pasaron 18 años desde la última vez, de modo que no es un logro cualquiera. ¿Es el inicio de una nueva era? Habrá que ver…

Hasta la próxima…

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