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José Manuel Garrido con los jugadores nacionales en el reciente Campeonato Suramericano Juvenil, en Bolivia (imagen tomada de www.golfbolivia.com) |
La mejor noticia para el golf colombiano en el reciente Campeonato Suramericano Juvenil, que se jugó en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, no fue el triunfo del equipo femenino conformado por Laura Sojo, Alejandra Álvarez y María Camila Serrano. Para el país, lo verdaderamente gratificante y positivo fue la presencia del jugador profesional José Manuel Garrido como ‘coach’ de los equipos nacionales.
Por primera vez los jóvenes deportistas fueron dirigidos ya no por un directivo o un jugador aficionado, como ocurrió en repetidas ocasiones. Esta vez, los turistas fueron reemplazados por alguien que, en verdad y con argumentos irrefutables, sí sabe de golf y, lo más importante, sí estaba en capacidad de ayudarlos a lograr un mejor desempeño en el campo de juego. Un paso que la Federación Colombiana de Golf tardó muchos años en dar, pese a que estaba el ejemplo de Argentina, la gran potencia regional, que emplea este esquema desde hace tiempo.
Como contraprestación a sus ‘altruistas’ servicios, durante décadas la Fedegolf encomendó esta tarea a sus directivos. Algunos de ellos fueron muy nuevos jugadores, ganadores de incontables torneos, que también representaron al país en diversas oportunidades. Otros, la gran mayoría, no eran más que entusiastas practicantes de fin de semana que a lo sumo podían acreditar hándicap de un solo dígito. Aunque hubo casos de algunos que lograron gran empatía con los jugadores y se convirtieron en capitanes de equipos campeones, a la larga su falta de conocimiento de los secretos del juego provocó el final abrupto de su carrera como ‘coaches’.
En este, como en tantos otros episodios, la Fedegolf tropezó varias veces con la misma piedra. No existe un directivo o un jugador aficionado que pueda prestar más ayuda a los jóvenes que un jugador profesional. ¿En qué radica la diferencia? En que el jugador profesional vive por, para y del golf al ciento por ciento; le dedica su vida entera a la actividad, con cientos de horas de práctica, de estudio, de juego. Vive el golf, come golf, duerme golf, sueña golf. Los demás son los demás: jugadores recreativos de fin de semana que, por más libros o DVD que lean y observen, jamás podrán llenar la brecha que los separa de aquellos.
El golfista colombiano, por tradición, generalmente ha tenido buena fundamentación técnica, en especial los surgidos en la provincia donde los maestros extranjeros hicieron una gran escuela. A la hora de enfrentar retos bajo presión, como un Campeonato Suramericano, sin embargo, se descubren grandes falencias. “No saben ‘gerenciar’ el campo”, dijo un connotado jugador/instructor vinculado a un club en Bogotá, que desde hace muchos años trabaja con los juveniles. En otras palabras: no cuentan con una estrategia de juego adecuada para salir airosos de los acertijos que, en cada ronda, les ofrece el escenario.
El grave problema fue que cuando debieron recurrir al capitán prácticamente nunca encontraron la respuesta adecuada. Y, la verdad, lo raro era que la obtuvieran. Es que los secretos del juego no se aprenden en libros ni tampoco en los DVD, por más que estos contengan los consejos de afamados y reputados instructores. Aquella vieja premisa de ‘la práctica hace al maestro’ es una ley en el golf, especialmente en el campo de juego. Y solo el concurso de alguien como José Manuel Garrido, que pasa la mayor parte de su vida dentro del campo de juego, puede serles útil a los deportistas.
En su primera incursión, Garrido regresó al país con un trofeo, pero eso es lo menos importante. Lo verdaderamente valioso es que, por primera vez en más de 60 años, dentro de la Federación, con oficina propia, hay un jugador profesional. Todo un paradigma, un antes y un después. Ahora, no solo los jóvenes, sino también los empleados, los visitantes y, ojalá, los directivos tienen un interlocutor válido para hablar de golf. Alguien que sí sabe del juego del golf, no de la teoría de los libros o los videos, o de lo que dicen los comentaristas en la televisión.
Vaya uno a saber si Garrido era el adecuado para ocupar ese cargo, más allá de su exitosa y reconocida trayectoria y de haberse graduado como sicólogo. Pero, ya está ahí y ese es un gran logro. Se abrió una puerta que durante décadas permaneció cerrada con llave. Ojalá en un futuro no muy lejano Garrido o cualquier otro jugador profesional, con preparación y hoja de vida similar o mejor que la suya, esté en la comisión técnica de la Fedegolf para evitar que allí se cometan tantos errores como hasta ahora, y por qué no en la mismísima junta directiva de la entidad, a la que le hacen falta los sabios consejos de alguien que sí conozca los secretos del juego.
Enhorabuena para aquellos que dentro de la Fedegolf eligieron darle un vuelco a la historia y nombraron a José Manuel Garrido. Enhorabuena para él, que ahora es la cabeza visible de un gremio al que la propia entidad ha mantenido marginado, especialmente en épocas recientes, y puede demostrar con hechos que merece la oportunidad de aportar su granito de arena. Enhorabuena para los golfistas que nos representarán ahora en los Suramericanos, porque ahora tendrán un interlocutor válido, alguien en quien pueden confiar y, sobre todo, alguien capacitado para ayudarlos a jugar mejor sin necesidad de desbaratarles el ‘swing’ ni hacerles lavado de cerebro.
Que José Manuel Garrido sea el ‘coach’ de los equipos nacionales es una gran noticia, pero insuficiente. En la Fedegolf se requiere la presencia de jugadores profesionales y de instructores acreditados en la anquilosada comisión técnica, en la decorativa junta directiva, en los campos de práctica, en el consejo editorial de la revista, en fin. Falta mucho por hacer, pero no hay duda de que este es un comienzo, un gran comienzo.
Hasta la próxima…
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