miércoles, 30 de enero de 2019

El golf colombiano ganó su Waterloo




En lo que debería ser la norma, pero en los últimos 20 años (como mínimo) fue una sorprendente excepción, la asamblea de clubes dio el primer paso en firme para extirpar el cáncer que carcome al golf colombiano. En la reunión sostenida el martes 29 de enero, puso las bases para que la tan ansiada y necesaria renovación comience de inmediato y, de paso, sentó varios precedentes.

La primera y más trascendental decisión, porque significa el principio del fin de la más oscura y vergonzosa era del golf colombiano, es que el nefasto empleado que llevó al deporte a un estado de postración y lo convirtió la junta directiva en una guarida de corruptos, se va. Orden tajante y terminante, sin derecho a pataleo: se va por su deshonestidad, su grosería, su patanería.

La segunda, que marca un precedente, le ordenó a la junta directiva solucionar sus desavenencias antes del próximo 26 de febrero o, de lo contrario, todos sus miembros serán destituidos y se convocará una asamblea electiva, para el día 4 de marzo. A esas alturas, el cáncer ya debe haber sido extirpado y una de las tareas de la junta (la que siga o la que llegue) será tratar la metástasis.

La tercera, tardía e insólita, es que la junta directiva debe emitir un comunicado en el que ofrezca excusas al Country Club y sus socios por las agresiones y ofensas recibidas de parte del patán hoy casi exempleado. Tardía, porque debió producirse inmediatamente se dieron los hechos; insólita, porque tuvo que mediar una orden a la asamblea, en vez de que la junta actuara de oficio.

Por culpa de un indigno empleado, con proceder contrario al espíritu y los valores del golf y con actuaciones que rayan en lo delictivo, se llegó a la peor vergüenza de los más de 70 años de historia de la Federación Colombiana de Golf. Y se llegó a este punto, entre otras razones, porque en las anteriores asambleas los delegados de los clubes fueron convidados de piedra.

Tristemente, muchos de ellos hipotecaron su independencia a cambio de dádivas y permitieron que la cúpula corrupta se atornillara a sus puestos (cambiaban un títere por otro). Esta vez, sin embargo, asumieron el rol que les corresponde, el de soberanos y absolutos dueños del golf, y ejercieron su poder. ¡Qué bien!, aunque haya sido un poco tarde. ¡Qué bien!, porque despertaron de su letargo.

Como debía ser, respaldó al presidente Camilo Sánchez Collins, al que le hizo un llamado de atención para que demuestre que es capaz de liderar el barco en medio de esta tormenta o, de lo contrario, dé un paso al costado. Sigo creyendo en Sánchez como la persona indicada para llevar la nave a puerto seguro, en especial después de que los clubes le dieron un justo y necesario espaldarazo.

Como debía ser, les puso tatequieto a los abusos, las ínfulas de poder y los atropellos del nefasto empleado, que como le corresponde saldrá de la entidad por la puerta de atrás con el rabo entre las patas. Se nombró una comisión para llevar a cabo este cometido y, como era de esperarse, el personajillo de marras mostró el cobre: solo le interesa que le paguen hasta el último centavo.

En desarrollo de la asamblea, se consideraron varias opciones: remoción inmediata de la junta, apartar a algunos miembros y la que finalmente se acordó: la junta, como debió ocurrir desde cuando se gestó la división, tiene que solucionar un problema que le compete exclusivamente a ella, y no a la asamblea. Si es incapaz de hacer su tarea, no queda más remedio que cambiarla.

Si a los que respaldaron durante este tiempo al hoy casi exempleado les queda todavía un pelo de decencia y un suspiro de dignidad, deberían renunciar. Sin embargo, siguen aferrados a la silla: no se puede esperar eso de personas a las que les quedó grande la responsabilidad de representar a los golfistas y, en cambio, resultaron dóciles mascotas y serviles peones del patrón del mal.

Sería muy interesante que los clubes, que recuperaron el protagonismo en la asamblea, den un paso más y les retire el aval a quienes cohonestaron este negro episodio de la historia del golf. Esa medida enviaría un contundente mensaje (otro más) a quienes creen que un lugar en la junta directiva o en la nómina de la Fedegolf los convierte en copropietarios de la finca del capataz.

Lo importante, lo reconfortante, lo que permite pensar en un futuro mejor, es que se comprobó que los buenos somos más y que nadie puede pisotear nuestros derechos si nos hacemos sentir, si alzamos la voz, si actuamos en conformidad con los valores y principios que guían el golf. Lo que hizo la asamblea fue enviar un mensaje contundente: ¡queremos un golf con decencia!

Enhorabuena. Un reconocimiento para los delegados de los clubes en esta asamblea, que no defraudaron, que entendieron su compromiso, que no fueron inferiores a su responsabilidad. Lo que sigue, sin embargo, no será fácil: hay que terminar de extirpar el tumor (ojalá lo entierren en el basurero Doña Juana, su hábitat) y se den a la tarea de curar al golf de la metástasis de la nómina.

Como en el seno de la junta directiva, entre la nómina de colaboradores hay aleccionados y serviles colaboradores que actúan con un fanatismo enfermizo en defensa de su caudillo. Si no se los extirpa también, no tardará mucho el patrón del mal en reanudar sus fechorías a la distancia, en cuerpo ajeno. Se requieren profesionales capacitados, mentes frescas y, sobre todo, personas decentes.

Ojalá el desagravio al Country Club y sus socios (con José María Rodríguez a la cabeza, porque fue el primero que ventiló las irregularidades, hace muchos años), se dé con la misma firmeza y convicción con que se le permitió al nefasto empleado ofender y agredir. Y debería extenderse también a personas como Eduardo Herrera, otra víctima de maltrato por poner el dedo en la llaga.

No se puede cantar victoria, porque esta guerra no ha terminado. Apenas se ganó una batalla, una gran batalla, el Waterloo del golf colombiano. Lo más difícil comienza ahora, pero lo bueno es que por lo menos hay una esperanza. El presidente Camilo Sánchez Collins, que dio una contundente prueba de su carácter y de su talante, tiene una ardua tarea: hacer que el golf vuelva a sonreír.

Ojalá tanto él como Carlos Vila y Adolfo Böhmer, representantes de El Rincón de Cajicá y del Country Club, que también fueron sometidos a las agresiones del patrón del mal y sus secuaces, continúen en la junta y sean los líderes que lleven al golf al lugar que le corresponde. Y que hagan la tarea completa (¡no se olviden de la metástasis!) y consumen la tan anhelada transformación.

La asamblea habló, habló duro, y emitió un mensaje contundente: NO MÁS patanería, NO MÁS grosería, NO MÁS maltrato a los clubes y a los golfistas, NO MÁS episodios que colindan con lo delincuencial, NO MÁS sometimiento a los caprichos y arbitrariedades de un nefasto empleado y sus compinches, NO MÁS gestión de la Fedegolf como la finca particular del capataz.

Soplan vientos de cambio en el golf colombiano, una brisa reconfortante. Lo más importante es que la asamblea no pierda su protagonismo, porque de ella depende el futuro de la actividad. Se vislumbra una luz a final del largo y oscuro túnel, y eso ya es mucho. Los buenos, los honestos, los que desean el bien común, dejaron la indiferencia, hicieron sentir su voz y se movilizaron.

Ahora, es responsabilidad de todos los golfistas, incluidos los que no pertenecen a clubes privados y los que juegan, pero no tienen hándicap. Deben velar porque se dé la ansiada transición y el golf vuelva a ser el deporte agradable para disfrutar entre amigos, con decencia, con los valores y principios que hacen de esta una actividad tan especial. Esto apenas comienza: ¡MOVILÍZATE, GOLFISTA!...

Estas otras notas pueden interesarte:

lunes, 28 de enero de 2019

¡Movilízate, golfista!, es hora de actuar, de no callar más




Los buenos, los honestos, los que deseamos el bien común, somos más. De eso no hay duda. Sin embargo, en diferentes ámbitos de la vida nos vemos sometidos por los malos, los deshonestos, los que buscan el provecho propio a cualquier precio, que son una minoría. Así es en el trabajo, en los negocios, en las relaciones y, como en el caso del país del Sagrado Corazón, también en el golf.

Durante los últimos veinte años, los cada vez más escasos y menos importantes triunfos deportivos bastaron para tapar la olla podrida. A fuerza de groserías, de represalias, de aliados circunstanciales que le vendieron su alma al diablo a cambio de migajas (o promesas incumplidas), la cúpula ha mantenido el poder, traspasándolo de uno a otro de su especie, al mejor estilo de la mafia.

En el pasado, los miembros de junta directiva o presidentes de clubes (como José María Rodríguez, del Country Club de Bogotá) que se atrevieron a alzar la voz y pedir un cambio, fueron declarados indeseables, personas non gratas, y atacados con una sevicia que raya en lo delincuencial. Lo que casi nadie preveía era que Camilo Sanchez Collins, precisamente él, le pusiera el cascabel al gato.

¿Por qué? Porque Sánchez llegó a la junta para convertirse en el relevo natural de la banda de los mismos con las mismas. Lo irónico es que no se demoró en entrar en confrontación con aquellos que lo habían elegido y que no hace mucho, cuando el anterior presidente-títere estuvo enfermo al borde de la muerte, lo tenían en el partidor, listo para dar el salto y asegurar la continuidad.

No contaban, en todo caso, con que Sánchez no estaba dispuesto a resignar sus principios a cambio de un respaldo hipócrita. Tampoco esperaban que levantara las alfombras para comprobar la suciedad acumulada todos estos años y, mucho menos, que destapara la olla en la que la corrupción se cocina a fuego lento desde hace dos décadas. Entonces, ocurrió lo inesperado.

Quienes conocemos a Camilo Sánchez Collins podemos decir que tiene un carácter fuerte, que es de esas personas que explotan como un furioso volcán y a los pocos minutos son dóciles y amables. Que es un amante del golf, deporte que practica desde niño y que cultiva con pasión dentro y fuera de los campos, bien como jugador, bien como directivo, bien como aficionado.

Uno podrá desaprobar algunas actitudes o formas de Sánchez, pero no se le pueden negar que, por encima de todo, es un tipo honesto, frentero, que no se arruga, que no da puñaladas por la espalda y, sobre todo, que a diferencia de la cúpula corrupta no persigue intereses personales. Es un trabajador obsesivo, incansable, muy creativo y con gran experiencia en el arte de sortear crisis.

La asamblea extraordinaria está diseñada para darle una patada en el trasero y sacarlo por la puerta de atrás, simplemente porque se atrevió a retar al temible cartel del golf. A él y a quienes lo apoyan (dos o tres miembros más de la junta) los han agredido, los han irrespetado, los han satanizado porque al nefasto patrón del mal, sus secuaces y sus mascotas no les convienen.

La pantomima ya está armada: los indignos miembros de junta a los que les quedó grande la responsabilidad que les otorgó la asamblea y el privilegio de ser representantes de los golfistas de sus clubes, ya tienen listas las rodilleras y están prestos para hacer fila para rendirle pleitesías al mesías. Y las mascotas de la nómina de la Fedegolf también aportan su cuota para desestabilizar.

No son muchos, apenas un puñado. Son una minoría. Sin embargo, se autoproclamaron los dueños del golf, de la Federación (especialmente de sus recursos) y no ha habido poder humano capaz de arrebatarles lo que en realidad es de todos: el golf. Con actuaciones abiertamente contrarias a la esencia y filosofía del deporte, se han mantenido al mando y quieren perpetuarse.

Por eso, la asamblea extraordinaria que se cumplirá esta semana es una cita histórica. Tal y como lo expresé en la nota ‘El golf colombiano pide (urge) una oportunidad’, esta oportunidad tiene nombre y apellido propios: Camilo Sánchez Collins y quienes lo acompañan en esta cruzada para que se dé un cambio urgente, drástico, que nos permita volver a vivir las alegrías del pasado.

¿Es posible conseguir es cambio? SÍ, es posible. ¿Qué se requiere? Que los buenos, los honestos, los que deseamos el bien común, dejemos atrás la indiferencia, dejemos de mirar para otro lado, dejemos de cohonestar a los corruptos con nuestro silencio cómplice. No podemos permitir que otra vez el destino del golf colombiano esté en manos de una minoría, la minoría corrupta.

Por eso, llegó la hora de actuar: ¡MOVILÍZATE, GOLFISTA! ¡Alza tu voz, haz que te escuchen! Si en verdad amas tu deporte, ¡lucha por él! Si comulgas con los valores y principios que rigen este deporte (el llamado deporte de los caballeros), deja atrás tus miedos a las represalias y hazte sentir con fuerza. Si deseas que el golf tenga un futuro, empodérate, libérate, ¡movilízate, golfista!

NO MÁS a que un empleado con ínfulas de capataz dirija el destino del golf colombiano como si fuera su finca personal y nos trate como si fuéramos sus peones sin educación, sin derechos. #MovilizateGolfista

NO MÁS a que un empleado con un grotesco complejo de inferioridad manipule a miembros de junta como sus mascotas, simplemente porque esas personas hipotecaron su dignidad. #GolfconDecencia

NO MÁS a los empleados de la Fedegolf que viajan a los torneos a emborracharse, a farrear y divertirse con mujeres en los hoteles, todo a costa de la entidad, con dinero que es de todos. #MovilizateGolfista

NO MÁS a que las convocatorias a los torneos internacionales sean la moneda de pago a los que cohonestan a los corruptos, en detrimento de los deportistas que sí tienen méritos. #GolfconDecencia

NO MÁS a que los jugadores, profesionales y aficionados, sean maltratados, ofendidos y agredidos por empleados o directivos de la Fedegolf, simplemente porque se atreven a pensar. #MovilizateGolfista

NO MÁS a que nos dividan entre amigos (cómplices, secuaces, mascotas) de los corruptos y enemigos del golf. El golf es de todos, no un privilegio de unos pocos. #GolfconDecencia

NO MÁS al estancamiento del golf colombiano producto de los manejos de un personaje caduco que carece de conocimiento, preparación y, sobre todo, valores y principios para ocupar el cargo. #MovilizateGolfista

NO MÁS a las mentiras, a las ofensas, a las publicaciones tendenciosas, a las actuaciones que riñen abiertamente con la filosofía y la esencia del golf, al que convirtieron en un nido de ratas. #MovilizateGolfista

NO MÁS a que el golf, el deporte en el que se hacen amigos para toda la vida, sea en Colombia el campo de batalla en el que unos pocos deshonestos pasan por encima de todo y de todos. #GolfconDecencia

NO MÁS a los mismos con las mismas. El golf colombiano pide (urge) una oportunidad. Lo que está en juego no es un cargo, sino el futuro de la actividad, el futuro de nuestros hijos. #MovilizateGolfista

Si estás harto de ser agredido y maltratado por algún directivo o empleado de la Fedegolf, ¡MOVILÍZATE, GOLFISTA!

Si no disfrutas el juego por el mal ambiente que reina en los torneos, sobre todo en los de la Fedegolf, ¡MOVILÍZATE, GOLFISTA!

Si estás harto del favoritismo en la elección de los jugadores a torneos internacionales, en que la rosca favorezca a los hijos y familiares de los directivos, ¡MOVILÍZATE, GOLFISTA!

Si no estás de acuerdo con que los recursos de la Fedegolf (que son de todos) sean manejados como plata de bolsillo por un empleado, sus secuaces y sus mascotas, ¡MOVILÍZATE, GOLFISTA! 
           
Si estás harto de que el golf se haya llenado de tramposos y gamines que no respetan las reglas y no se saben comportar, producto del ejemplo surgido de la Fedegolf, ¡MOVILÍZATE, GOLFISTA!

Si te entristece que en los medios de comunicación se hable de las fechorías de los corruptos, en vez de tu esfuerzo, tu sacrificio, tu pasión y tus triunfos, ¡MOVILÍZATE, GOLFISTA!

Si por el honor de representar a tu país en un torneo internacional te someten a maltrato, te ofenden, te castigan cuando protestas y te cierran las puertas, ¡MOVILÍZATE, GOLFISTA!

Si quieres tener libertad para decir lo que piensas, que tus críticas sean escuchadas, que haya cambios estructurales y puedas expresarte sin temor a represalias, ¡MOVILÍZATE, GOLFISTA!

Si estás convencido de que el futuro del golf está comprometido y merece una oportunidad en cabeza de Camilo Sánchez Collins y quienes lo apoyan, ¡MOVILÍZATE, GOLFISTA!

No es hora de callar, es hora de actuar. Haz sentir tu voz, haz que se respeten tus derechos. Los buenos somos más, pero eso de nada sirve si elegimos otra vez mirar para otro lado, si nuestra reacción es guardar un silencio cómplice que favorece a los mismos con las mismas. El golf somos todos, no el privilegio exclusivo de unos pocos. Entre todos lo podemos cambiar para bien.

Si eres de los buenos, de los honestos, ¡MOVILÍZATE, GOLFISTA! Comparte esta nota con todos tus amigos, con tus compañeros de club, con los directivos de tu club, para que se unan en esta cruzada. Tenemos que convertirnos en una tendencia nacional, pero no solo en redes sociales, sino en los campos de golf, en los clubes y en la Fedegolf, que es patrimonio de los golfistas.

Por un golf con decencia, ¡movilízate, golfista!...

sábado, 26 de enero de 2019

El golf colombiano pide (urge) una oportunidad



“La peor cobardía es saber qué es lo justo y no hacerlo”Yves Montand

La forma más efectiva de conocer el talante de una persona, su verdadero valor como ser humano, es ver cómo asume las responsabilidades que le fueron encomendadas y su actitud frente a las dificultades. Lo bueno es que no hay puntos intermedios o tonalidades grises: se tiene o no se tiene, blanco o negro. O, como lo dice Yves Montand, se es valiente o se es un cobarde.

En los próximos días, el golf colombiano será testigo de una de las más importantes citas de su historia, una que puede convertirse en el tanque de oxígeno que este deporte requiere con urgencia o, por el contrario, en una vergüenza más de sus dirigentes, en un negro lunar que marcará su futuro. Una cita a la que, valga decirlo, jamás se debió llegar, no en estas circunstancias.

Desde hace más de dos décadas, este deporte está en manos de unos pocos, una minúscula cuadrilla ambiciosa que actúa abiertamente en contra de los intereses de la mayoría y que, lo peor, cada día nos muestra más su verdadero rostro: el de una banda de hampones. Si bien todavía no entró en escena el cianuro, ya hay grabaciones subrepticias, chuzadas, intimidaciones.

Lo más doloroso es que se trata de un cáncer plenamente identificado, el más dañino de todos, pero nadie ha hecho nada para curarlo, a pesar de que existe la medicina necesaria. Por eso, ha hecho metástasis una y otra, y otra, y otra, hasta convertir al golf colombiano en un enfermo terminal. De ahí la importancia de las decisiones que se adopten en la próxima reunión.

Irónicamente, penosamente, increíblemente, el problema fue expuesto en esta misma vitrina hace casi seis años, el lunes 25 de febrero de 2013. La nota ‘Cuatro años más de la cuadrilla del tapen, tapen’ describe fielmente la realidad que hoy se vive. Es cierto que cambiaron algunos de los títeres, pero el nefasto titiritero sigue manipulando los hilos de la actividad, caprichosamente.

El deterioro comenzó hace más de 20 años, pero se recrudeció recientemente favorecido por la cobardía de los dirigentes del golf, es decir, los representantes de los clubes que eligen a los mismos y esperan resultados distintos. Lo único que cambió en este tiempo fue la aparición de Camilo Sánchez Collins, actual presidente de la Federación Colombiana de Golf.

Golfista de toda la vida, jugador de primer nivel (fue campeón nacional de mayores, entre otros títulos), apasionado por el golf, empresario exitoso y directivo de trayectoria intachable, se atrevió a promover un cambio, es decir, quiso aplicar la medicina para erradicar el cáncer. Como todos los que en el pasado se atrevieron a pensar y exponer sus opiniones, ahora lo quieren defenestrar.

A él y a otros dos o tres miembros de la actual cúpula, nombrada hace menos de dos años, que apoyan sus iniciativas, que quieren un cambio, que claman porque el golf recupere su esencia y vuelva a ser guiado por los valores. El nefasto caudillo que rige los destinos del golf desde hace años, a pesar de que es simplemente un empleado de la entidad y no un directivo, lo sentenció.

Lo tildó de “dictador, déspota” y le declaró la guerra. La más sucia de las guerras, fiel a tu talante corrupto y grosero, con insultos, grabaciones a escondidas, filtración de actas y mentiras y más mentiras. Y lo mismo con los pocos miembros de la junta que, con decencia e independencia, se atrevieron a respaldar a Sánchez, conscientes de que el golf colombiano requiere un cambio ya.

Los demás, la mayoría, son fieles ‘lavaperros’, arrodillados y serviles escuderos que hipotecaron su dignidad y fueron inferiores al compromiso adquirido con la asamblea, de velar por los intereses del golf colombiano y no por los particulares. Y con ellos están los tristes peones de la nómina, algunos investidos con inusual poder, prestos para ponerle el pecho a las balas por su amo.

Desde hace dos décadas, tal y como lo refleja la nota ‘Cuatro años más de la cuadrilla del tapen, tapen’, increíblemente vigente, el golf colombiano está divido entre los secuaces del nefasto caudillo y el resto, la mayoría, los enemigos. Y así estamos, así se llega a la asamblea que se realizará en estos días, en la que los dueños del carrusel del golf esperan consumar otra fechoría.

El gran orgullo de los golfistas es que el suyo es, supuestamente, un deporte de caballeros, el escenario ideal para que los niños se formen en valores y también un campo fértil para forjar amistades de las que duran para toda la vida. Infortunadamente, ya no es así, no en Colombia: acá es un vulgar campo de batalla, nido de buitres, caldo de cultivo de egos y bajos instintos.

Los directivos, asociados, jugadores profesionales, jugadores aficionados y hasta periodistas de los medios que se atreven a retar al capataz de la hacienda se atienen a las consecuencias. Las ofensas, las represalias, el irrespeto de los derechos, la patanería y la grosería están a la orden del día para acallar las voces disidentes. Así se llame Camilo Sánchez Collins y sea el presidente de la entidad.

Por eso, la asamblea extraordinaria que se avecina es tan importante para la historia de golf colombiano. Ahí es cuando vamos a conocer el verdadero talante de sus directivos, de los únicos dueños del golf, que son los clubes. Habrá que ver si, una vez más, sus representantes se hacen los de la vista gorda, miran para otro lado y le dan un nuevo voto de confianza a la cuadrilla del mal.

Más que la permanencia de Sánchez en la presidencia o un pulso de poder con un empleado con ínfulas de grandeza, lo que el golf se juega es su futuro. Estas personas no van a elegir entre Sánchez y el patrón del mal, sino el modelo que ellos quieren que el golf colombiano refleje en los próximos años: el de la decencia y los valores tradicionales o el de la patanería y la corrupción.

Lo que está en juego no es un cargo, sino el mensaje que la asamblea le va a transmitir a la comunidad golfística. Vamos a saber si el deseo de los representantes de los clubes, soberanos dueños del golf, es que las nuevas generaciones, sus hijos, crezcan y disfruten de un golf basado en los valores, la decencia, la alegría y la amistad o, como en los últimos años, en la patanería y la vulgaridad.

Que los dioses del golf iluminen a estas personas y les den la sabiduría necesaria para tomar la decisión correcta. Que tengan la valentía de hacer lo justo y se olviden de la cobardía que en el pasado reciente las llevó a alimentar el cáncer una y otra vez, y otra vez. Es una situación difícil en la que vamos a conocer su actitud y, sobre todo, su talante: valentía o cobardía.

El golf colombiano pide (urge) una oportunidad. Una oportunidad que tiene nombre y apellido propios: Camilo Sánchez Collins y quienes lo acompañan en esta cruzada. Una oportunidad para que se dé un cambio urgente, drástico, que nos permita volver a vivir las alegrías del pasado. Una oportunidad que, sobre todo, extirpe de una vez el tumor cancerígeno y sus odiosas metástasis…